Matadero: hundimiento de las Naves

Las cifras no mienten. De los 40.161 espectadores de pago que tuvieron entre el 1 de marzo y el 15 de junio de 2016 las Naves del Matadero (entonces adscritas al Teatro Español), se ha pasado, en el mismo período de este año, a tan solo 1.605. Parece claro que los madrileños no han refrendado el viraje dado en la programación del que es uno de los buques insignia de la cultura madrileña. La portavoz de Cultura y Deporte de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, Sofía Miranda, ponía sobre la mesa hace unos días unos números tan reveladores como desoladores, de los que se hacía eco ABC. En cinco meses, de marzo a julio, la programación realizada ha ascendido a un total de 37 días; se han desarrollado talleres de pago que han contado con cuatro asistentes; conciertos con capacidad para 449 personas que solo han tenido 39 espectadores, y una pérdida de recaudación en comparación con el mismo periodo del año anterior del 95,86 por ciento, pasando de 722.898 euros a 29.981 euros.

Hay una palabra que se repite cuando se habla con las gentes del mundo del teatro de la situación, pasada y presente, de las Naves del Matadero: tristeza. El actor Eduardo Velasco (uno de los intérpretes de la serie «Servir y proteger», que actualmente emite TVE) es uno de los más activos defensores, desde el primer momento, de la vuelta de este espacio a su anterior planteamiento. Junto a otros destacados nombres del sector -las productoras Concha Busto y Chusa Martín, los actores José Luis García Pérez y Roberto Álvarez, los autores y directores Juan Carlos Rubio y Jesús Cracio, y la comunicadora María Díaz-, creó un grupo de trabajo para exponer sus puntos de vista ante la alcaldesa (y concejala de Cultura desde la destitución de Celia Mayer), Manuela Carmena, y ante los representantes de los distintos partidos políticos representados en el Ayuntamiento. «Quiero dejar claro que no estamos en contra del proyecto de Mateo Feijóo -dice Velasco-, que consideramos necesario para Madrid, sino de la utilización para él de este espacio, que en apenas diez años se había convertido en un absoluto referente en la escena no solo española, sino europea».

A Eduardo Velasco le causa esta situación «dolor y tristeza». «He trabajado solo en una ocasión en Matadero, pero he visto allí mucho y muy buen teatro. Y me causa tristeza que el Ayuntamiento haya causado una fractura dentro de la profesión, con puntos de vista muy encontrados».

Este grupo de profesionales, que se autodenominan «los Fuenteovejuna», se han reunido en los últimos meses con los representantes de los grupos de la oposicion municipal: «Todos nos mostraron tanto su apoyo y comprensión como su disposición a ayudarnos en lo que estuviera en su mano».

Manuela Carmena también se reunió con estos profesionales. «En esta reunión -relataron en una nota- se nos pidió expresamente paciencia hasta conocer el contenido de la nueva programación, en la plena confianza de que esta contemplara propuestas de teatro de texto en suficiente cuantía como para que nuestra preocupación no alcanzara a ser radical».

Precisamente el «teatro de texto» es uno de los motivos de mayor desencuentro entre la profesión y la línea de programación de Mateo Feijóo en lo que él denomina «Centro de Artes Vivas» (una definición que irrita a un gran número de profesionales). «Parece que el teatro de texto es lo antiguo y la performance lo moderno -dice Eduardo Velasco-. Pero si en los años sesenta ya había performances...». Se ha querido establecer un debate absurdo entre lo antiguo y lo moderno -añade la productora Concha Busto, una de las figuras más combativas en este asunto-, cuando las Naves del Matadero han presentado una programación muy de vanguardia, nada convencional, con trabajos que mostraban muy diversos puntos de vista. Costó mucho levantar este proyecto, pero se apostó por él y consiguió un público que ahora ha perdido. Todo ese esfuerzo se ha disuelto como un azucarillo».

Hay un importante componente económico para las compañías y, por lo tanto, para el tejido teatral. «Presentarse en Madrid es absolutamente necesario para poder realizar una gira con cualquier producción -asegura Velasco, productor de «El jurado», que se presentó en Matadero el pasado año-. Existía un riesgo económico, pero era una plataforma extraordinaria para las compañías, que ahora no existe. Porque yo pregunto cómo se puede llevar a cabo una producción de 100.000 euros con las condiciones que te da un teatro privado. Es imposible». Y Concha Busto añade: «Trabajar en Matadero era rentable para las compañías, lo que suponía poder afrontar nuevos proyectos, con todo lo que ello conlleva para el tejido empresarial de nuestro teatro».

Pero lo más grave, dice Concha Busto, es que ese público que llenaba las Naves 10 y 11 de Matadero no tiene ahora un lugar similar adonde acudir. La productora lamenta también el concepto de cultura que tiene el actual Ayuntamiento de la capital. «No es una cuestión de partidos o de ideologías. Simplemente creo que es un concepto equivocado, y que no han construido nada. Se equivocan con las escasas fechas de exhibición de los espectáculos y con ofrecerlos de manera gratuita. La gratuidad es la muerte de la cultura», sentencia.

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