Los piropos son «violencia machista» para la Junta de Andalucía

La Junta de Andalucía quiere acabar con los buitres, los cerdos o los pulpos. Pero solo quiere eliminarlos de las calles de la comunidad. El Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) y el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) han presentado este miércoles una campaña que busca acabar con el acoso callejero y que compara a los hombres con distintos tipos de bestias para poner de relieve comportamientos inaceptables hacia las mujeres.

Bajo el lema «No seas animal», la Junta de Andalucía quiere erradicar una «práctica socialmente aceptada que normaliza el papel de las mujeres como objeto sexual». Así, la campaña usa a hombres caracterizados como animales. Está el gallito, que lanza piropos de lejos; está el cerdo, que grita ordinarieces a las mujeres; aparece el buitre, que siempre está al acecho y también el hombre-pulpo (que se arrima cuando puede) y el búho (que no quita un ojo a las mujeres. Un caso famoso de terminología animal aplicada al abuso sexual es la del grupo de cinco sevillanos juzgados por violación durante las fiestas de San Fermín, a los que se conoce como «la manada».

La idea de la campaña del IAM y el IAJ es que «estos comportamientos no son propios de personas», para lo que piden ayuda «para que la fauna callejera se extinga». «El acoso callejero es una forma de violencia machista», indican desde la Junta. La idea es difundir imágenes, anuncios y acciones en las redes sociales y medios de comunicación para acabar con estas prácticas.

Una de las imágenes de la camaña del IAJ y el IAM
Una de las imágenes de la camaña del IAJ y el IAM - ABC

El director del IAJ ha señalado que el acoso callejero es «la práctica machista y sexual más comúnmente aceptada», que favorece la situación de vulnerabilidad sexual de las mujeres. «Se trata de comentarios sexuales explícitos o implícitos que los hombres hacen cotidianamente a las mujeres en las calles, sin ver en ello violencia», y que van desde el «piropo que cosifica hasta la realización de fotos o los roces en transportes públicos».

Elena Ruiz, que dirige el IAM, ha matizado que el acoso callejero es una práctica abusiva en la que «el hombre hace uso de su conducta machista para creerse en el derecho de tratar a las mujeres como objetos sexuales, normalizando así una situación de vulnerabilidad que a veces deriva de agresiones o abusos sexuales».

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