Las tensiones internas y los problemas judiciales no debilitan el tripartito

Las últimas encuestas electorales a nivel nacional muestran posibles cambios de gran calado en las preferencias de los votantes, con Ciudadanos por vez primera por delante del PP y del PSOE, y con Unidos Podemos con una nítida tendencia a la baja. Los significativos trasvases de votos que hoy se vislumbran como más que probables en el conjunto de España y también en varias autonomías no se avizoran, sin embargo, en Baleares. De hecho, tras los comicios autonómicos del próximo año podría darse una circunstancia hasta ahora inédita en el Archipiélago, la de dos legislaturas consecutivas con un Ejecutivo de izquierda.

Esa posibilidad resulta aún más llamativa si se tienen en cuenta los diversos escándalos protagonizados el pasado año por los socios de la presidenta de la Comunidad, la socialista Francina Armengol, o el posicionamiento como mínimo ambiguo de los actuales gobernantes isleños con respecto al «procés» de Cataluña. El elemento quizás determinante para entender el casi nulo desgaste sufrido hasta ahora por el Ejecutivo de Armengol en las encuestas sería la polarización extrema del voto que hay hoy en Baleares, muy parecida a la que existe en la actualidad en Cataluña. Esa polarización impide que por el momento el PP y Cs aparezcan como una posible alternativa capaz de sumar los votos necesarios para poder gobernar conjuntamente en la Comunidad tras los comicios autonómicos de 2019.

Cabe recordar que en el presente mandato gobiernan en las principales instituciones de Baleares tripartitos conformados por el PSOE, la formación ecosoberanista MÉS y Podemos. En el Gobierno regional, la situación es un poco diferente. Así, Armengol sólo tiene ahora en su Ejecutivo consejeros del PSOE y de MÉS por Mallorca, si bien cuenta con el aval parlamentario externo de Podemos y de MÉS por Menorca. Ello le garantiza a Armengol la aprobación de prácticamente todas sus iniciativas legislativas, a pesar de algún posible desmarque puntual de la formación morada.

El Parlamento balear está compuesto por 59 escaños, por lo que para poder conformar cualquier posible mayoría se necesita contar con 30 votos de manera más o menos estable. En la actualidad, Armengol cuenta con los votos seguros de los 15 diputados de su partido y con los seis de MÉS por Mallorca, a los que hay que sumar los votos habituales de los ocho diputados de Podemos y los de los tres representantes de MÉS por Menorca. En total, 32 escaños. En la oposición, el PP tiene ahora 19 escaños, Proposta per les Illes (PI) cuenta con tres y Ciudadanos tiene dos diputados. Además, cuentan también con un acta las dos diputadas expulsadas de Podemos en diciembre de 2016 por un supuesto incumplimiento de su código ético, Xelo Huertas y Montserrat Seijas, así como el exdirigente popular Álvaro Gijón, que se dio de baja de su partido tras ser imputado en un caso de presunta corrupción.

Un último año convulso

Como se ha señalado ya, buena parte de la actualidad política de la presente legislatura autonómica ha estado marcada por los diversos problemas internos o incluso judiciales vividos por los socios de Armengol. La propia presidenta no ha sido tampoco ajena a determinadas polémicas. Así, en noviembre de 2016 Armengol tuvo que comparecer ante la Comisión del Estatuto de los Diputados y las Diputadas del Parlamento balear para explicar, a petición del PP, su situación patrimonial en 2013 y también la compra de una finca por parte de su pareja aquel mismo año. En aquellas fechas, la actual mandataria socialista era sólo una diputada de la oposición. En su comparecencia ante la citada comisión parlamentaria, Armengol negó cualquier posible irregularidad en la reserva de un ático que luego no llegó a adquirir en la mencionada finca.

Por lo que respecta a MÉS por Mallorca y a MÉS por Menorca, ambas formaciones ecosoberanistas han sido las que han dado más quebraderos de cabeza a Armengol. De hecho, con apenas unos meses de diferencia dimitieron las dos consejeras autonómicas de MÉS por Menorca que gestionaron sucesivamente el área de Transparencia. En abril de 2016 renunció Esperança Camps, por motivos personales, mientras que en marzo del pasado año lo hizo Ruth Mateu, presionada por Armengol después de que hubieran trascendido a los medios varios contratos «a dedo» presuntamente irregulares suscritos por altos cargos ecosoberanistas. La marcha forzada de Mateu no fue bien recibida por los ecosoberanistas menorquines, que anunciaron entonces su salida del Govern.

Posteriormente, el pasado mes de diciembre dimitió el hasta entonces vicepresidente autonómico y consejero de Turismo, Biel Barceló, tras las críticas recibidas por su viaje gratis total al Caribe, pagado por una empresa privada vinculada al sector turístico. Unos meses antes, Barceló se había visto ya afectado de manera indirecta por dos casos de presunta corrupción que supusieron la dimisión de dos colaboradores directos suyos, por el caso Contratos y por el caso Cursach, respectivamente. Por otra parte, la persona escogida por MÉS por Mallorca para sustituir a Barceló, Bel Busquets, fue aceptada a regañadientes por Armengol, que quería a alguien con un perfil más técnico.

En cuanto a Podemos, vivió también un convulso 2017 a nivel político. En primer lugar, con el relevo forzado en la presidencia del Parlamento balear, en donde Baltasar «Balti» Picornell sustituyó en febrero a la destituida Xelo Huertas, que previamente había sido expulsada de la formación morada. A ello habría que añadir presuntas irregularidades cometidas por la Comisión de Garantías regional a mediados de 2015, que no trascendieron sin embargo hasta hace un año, o la dura pugna interna entre Alberto Jarabo y Laura Camargo para hacerse con el control de Podemos Baleares. Esa contienda se saldó finalmente con el reforzamiento del sector de Jarabo, al que pertenence la nueva secretaria general regional, Mae de la Concha.

La labor de la oposición

En ese contexto, la oposición debería de estar remontando o subiendo claramente en las encuestas, pero por el momento no está siendo así. Por lo que respecta al Partido Popular, que hasta ahora ha gobernado en seis legislaturas en Baleares, vivió el pasado año un complejo proceso de renovación interna en las Islas. La elección del nuevo presidente del PP balear, Biel Company, en marzo, debería de haber supuesto un positivo punto de inflexión en ese sentido, pero por ahora hay varios lastres que están impidiendo la efectiva recuperación de los populares isleños en las encuestas.

Por una parte, quedan aún pendientes varios juicios vinculados a la etapa en que Jaume Matas fue el presidente de la Comunidad, circunstancia que a nivel político Armengol y sus socios suelen aprovechar a fondo para atacar al PP. Por otro lado, en estos últimos meses Company ha tenido que hacer frente a reiteradas acusaciones ?algunas a nivel interno? que le sitúan como una persona próxima a posiciones nacionalistas, algo que el líder popular ha negado de manera reiterada, pero que sin duda ha hecho mella en una parte del electorado hasta ahora más fiel del PP balear. En cualquier caso, Company ha sido ahora muy crítico con la posición de equidistancia mantenida por el Ejecutivo de Armengol con respecto a la crisis vivida en Cataluña o por su creciente apoyo a entidades independentistas.

Igualmente críticos en ese sentido están siendo los representantes de Ciudadanos en Baleares. Cabe destacar, en ese contexto, el trabajo parlamentario que están realizando sus dos diputados en la Cámara regional, Xavier Pericay y Olga Ballester. A pesar de no contar por ahora con más representantes en el hemiciclo isleño, la continua presentación de propuestas y de iniciativas propias, por ejemplo contra el presunto adoctrinamiento en las aulas de la Comunidad, está dando una visibilidad cada vez mayor a Cs en todo el Archipiélago.

Por último, en la oposición se encuentra también la formación nacionalista PI, sucesora natural de la extinta Unió Mallorquina. Este nuevo partido podría crecer electoralmente en los comicios autonómicos que se celebrarán en mayo del próximo año, pero hoy por hoy no parece probable que PI desee ayudar a conformar una nueva mayoría, distinta a la actual, junto con el PP y Cs. Los posibles escaños de PI, en caso de ser necesarios y decisivos, muy posiblemente servirían para apoyar directa o indirectamente un nuevo Ejecutivo de izquierda.

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