La infiltración nacionalista en Cataluña se programó en los 90 desde la Generalitat

En la Cataluña de 2018 quedan pocos reductos en los que la política nacionalista no haga acto de presencia con apariencia mayoritaria. La pasada noche de San Esteban, en el Palau de la Música, el independentismo volvió a demostrarlo con el uso político de niños e instituciones. Un día después, algo similar se vivió en el Auditorio de Barcelona. La apropiación de los espacios públicos y ámbitos sociales -por definición, plurales- por parte de los que defienden una opción partidista es total. El exhibicionismo de banderas, carteles y símbolos secesionistas tiene como tareas coartar la libertad de los que no piensan igual (en el interior) y enviar un mensaje (al exterior) de pensamiento unánime. Ocurre, actualmente, en las escuelas -a las que incluso se las cambia el nombre-, los edificios públicos, las asociaciones de vecinos, los clubes deportivos -a todos los niveles-, las universidades, el mundo asociativo cultural, el ámbito del ocio...

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