La culpa, y la codicia, de los Pujol

Desde que en julio de 2014 el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol confesó que había mantenido en el extranjero una herencia millonaria sin declarar, sus apariciones públicas han sido esporádicas. Algún entierro, un evento público concreto... un perfil bajo para quien aseguraba, a los pocos meses, cuando la acción de la Justicia comenzaba a cercarlo a él y a su familia, que sí, que se sentía culpable de lo que estaba sucediendo, aunque no por «codicia», sino por «miedo, desidia, ligereza y debilidad».

Ayer, de nuevo, abrumado por las circunstancias, quien lo fue todo en Cataluña y ahora tiene el dudoso honor de ser el patriarca de un clan imputado al completo, volvía a bajar la mirada. «Siento mucho todo lo que está pasando», se le oyó mascullar entre dientes al concluir uno de los cinco registros que efectuó la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) a domicilios y despachos de su familia por orden de la Audiencia Nacional. Tono bajo, muy distinto de aquel sonoro «¿qué coño es la UDEF?», que se asegura que dijo cuando la investigación comenzaba a acorralar al ex «molt honorable».

Prisión catalana

Que el de ayer fue un día movido para los Pujol, es una obviedad. Los registros se iban sucediendo:primero la casa familiar de la avenida General Mitre ?donde Junior conserva una habitación?; el despacho de Pujol padre en calle Calabria, y sucesivamente el domicilio y el despacho de su hijo.

Finalmente, también hubo registro en la casa del pequeño pueblo de Queralbs (Gerona), casi en el linde con Francia, entrada esta última a la que asistió Marta Ferrusola, a quien algunos, a modo de disculpa del patriarca, señalan como la responsable de que a sus hijos, en algo así como una compensación por los años de «abandono» familar, se les diese carta blanca para los negocios. Queda claro que se pusieron a ello con todo el empeño, usando el apellido, aprovechando la impunidad... demostrando una apetencia por lo material a años luz de la frugalidad de la que el patriarca y su mujer presumían.

«No tenim ni cinc» (no tenemos ni un duro) se quejaba cínicamente Ferrusola en la misma comisión de investigación parlamentaria de 2015 en la que el gran público descubrió por primera vez el estilo de Júnior, que ante las acusaciones de comisionista él se definió como «dinamizador económico». «Me voy esforzando, trato de resistir la ofensiva de desprestigio que me abocan encima», apuntaba el expresident a los meses de su confesión, quizás de manera inconsciente hablando de sus propios hijos.

Tras un día intenso, y antes de regresar a la prisión de Soto del Real, el juez autorizó que anoche Jordi Pujol Ferrusola durmiese en una prisión catalana.

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