J. Carlos Paúl: «La población general sigue estando expuesta al amianto»

«Durante algunos años fue obligatorio que las sábanas de los hoteles fueran ignífugas, así que se mezclaban con amianto», cuenta Juan Carlos Paúl, presidente de la Asociacion de Víctimas de Amianto (Avida). Hoy se sabe que este silicato natural está vinculado con el mesotelioma pleural (cáncer de pleura), asbestosis, placas pleurales, fibrosis pleural difusa y el cáncer del tracto gastro-intestinal. Pero durante el siglo pasado, se comercializaron en España hasta 3.000 productos que lo contenían.

Ayer se aprobó en el Congreso una Proposición de Ley para la creación de un fondo para ayudar a las víctimas del amianto. Según la propia iniciativa, entre 1994 y 2008 murieron en España 3.943 personas por enfermedades vinculadas directamente al amianto. En la mayor parte de los casos, se trata de profesionales que estuvieron expuestos al silicato, pero también ha podido afectar a sus familiares por el contacto con la ropa o a los vecinos de las fábricas en las que se manipulaba, entre otros. «Hay mucha gente que enferma y no sabe por qué», asegura Paúl.

Las propiedades ignífugas y aislantes del material lo hacían excelente para la construcción, aunque se usó también para guantes de cocina, pastillas de freno, elementos de higiene íntima, vagones de trenes o barcos. Los primeros registros de importación en España datan de 1930, pero el pico llegó entre los 70 y 80. En total, en el siglo XX se importaron 2,6 millones de toneladas. El 77% de ellas se destinó a hacer cemento.

En España la prohibición de su uso se hizo efectiva en enero de 2002, pero la ley no contemplaba la realización de un censo de los edificios afectados o su demolición. «La población general sigue estando expuesta al amianto», defiende Paúl. Solo en la ciudad de Barcelona se estima que hay un millón de edificios con riesgo medio o alto por amianto, pero para el resto del territorio sigue sin haber un censo oficial.

Ahora, defiende Avida, la vida útil del cemento que se utilizó en las construcciones de la década de los 70 ha llegado a su fin. «El cemento empieza a disolverse, deja de estar compactado y las fibras de amianto se empiezan a liberar», explica el presidente de la asociación. Sin contar con otros contratiempos, como el del incendio de la Torre Windsor en Madrid en 2005. El edificio, explica Paúl, estaba construido con amianto y cuando se quemó soltó grandes cantidades al ambiente, por lo que los trabajadores en el desescombro o los vecinos de la zona pudieron inhalarlas.

Por todo ello, según sus estimaciones, será difícil que la prevalencia de las enfermedades vinculadas con el silicato descienda fácilmente. De hecho, el periodo de latencia de las enfermedades causadas por su exposición se oscila entre 20 y 30 años, por lo que se espera que el máximo número de casos se registre en 2030.

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