Italia rescata a más de 8.000 inmigrantes en solo dos días

El éxodo de inmigrantes que atraviesan el Mediterráneo continúa imparable. Se siguen contando los vivos y los muertos en los numerosos dramas que se viven en el mar día a día. Ayer nueva tragedia: a 35 millas de las costas libias, la nave «Vega» de la Marina militar italiana salvó a 135 refugiados y recuperó una decena de cadáveres, pero, según testimonio de los supervivientes, al menos otros 200 habrían desaparecido.

Es la tercera barcaza que, en poco más de 48 horas, vuelca y se va a pique. Pero estos dramas se repiten desde hace días. Ayer mismo, la guardia costera coordinó las operaciones de auxilio para salvar a inmigrantes que viajaban en 17 lanchas neumáticas y en un pesquero cargado hasta lo inverosímil. Una jornada que acabó como la del jueves, con más de 4.000 inmigrantes salvados. Las embarcaciones de rescate de la UE desplegadas en el Mediterráneo, entre ellas la fragata «Reina Sofía», han salvado al menos 15.000 inmigrantes en cinco días. Este flujo, imponente y con una continuidad casi desconocida hasta ahora, se está convirtiendo en un grave problema para la acogida de tal cantidad de inmigrantes, sobre todo por la necesidad de identificarlos en los cuatro centros de acogida que funcionan: tres en Sicilia y uno en Taranto (Apulia). Todos ellos desbordados.

En Italia los medios hablan de «invasión» y «caos». Al tiempo que algunos partidos xenófobos, como la Liga Norte, aprovechan para lanzar proclamas contra la política italiana y europea sobre la inmigración. Parece evidente que este 2016 se convertirá en un año récord: se registrará el más alto número de desembarcos jamás registrado; la más grave masificación en las instalaciones de acogida, el más grave riesgo de infiltraciones de terroristas de Daesh por mar.

Desde el uno de enero hasta ayer llegaron 45.000 refugiados. Y el horizonte se presenta muy negro, hasta el punto de que el ministerio del Interior calcula ya que a final de año se podría llegar a la cifra récord de 200.000 inmigrantes desembarcados en Italia. Los países de origen son en su mayoría subsaharianos, y en menor medida de Siria. Y aunque hasta ahora el 90% del flujo migratorio hacia Italia partía desde Libia, la reapertura de la ruta desde Egipto preocupa mucho a las autoridades italianas, sobre todo porque están aumentando de forma impresionante en los últimos días.

Escasa solidaridad

Los traficantes de seres humanos siguen utilizando viejos pesqueros totalmente inseguros que atestan de inmigrantes. Lo importante para ellos es que alcancen las aguas internacionales y luego lancen los SOS, como ocurre en estos días. Pero en su despiadada explotación de los inmigrantes, a los que cobran hasta 2.000 euros por la travesía, han añadido una novedad para aumentar su negocio: se están haciendo con lanchas neumáticas procedentes de China, a las que montan viejos motores comprados en Qatar.

El gobierno italiano teme que el dispositivo de acogida sea insuficiente y que la crisis migratoria se agrave en verano. La solidaridad europea con Italia se queda en poco más que palabras. Las cuentas del gobierno son claras: Italia ha acogido 116.000 inmigrantes hasta el día de hoy; el plan Juncker de la Comisión Europea había previsto reubicar a 40.000 de ellos en diversos países europeos en dos años. Pero en siete meses apenas 615 refugiados se han redistribuido desde Italia. Ante la escasez de ayudas, el primer ministro, Matteo Renzi, ha reivindicado en la cumbre del G-7 en Japón el papel crucial de Italia para afrontar la emergencia de la crisis migratoria. Ypara que este problema sea prioritario en la agenda de los grandes, Renzi ha anunciado que el próximo G-7 lo organizará Italia en Sicilia.

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