Iglesias avala un pacto con Page que critica el ala más radical de Podemos

La política hace extraños compañeros de cama. Un susanista (Emiliano García Page) y un pablista (José García Molina) van a inaugurar el primer acuerdo entre PSOE y Podemos para compartir por primera vez un gobierno regional. Atrás quedan las palabras del presidente castellanomanchego cuando habló de «traición» por la decisión de los dos diputados regionales de Podemos de no apoyar los presupuestos. Ayer, para evitar tener que convocar elecciones, Page ofreció a Podemos entrar en su Ejecutivo en forma de vicepresidencia. Se recuperaba así Page de eso que en abril dijo que tanto iba a costar: «quitarnos los puñales de la espalda».

También quedan definitivamente atrás aquellas declaraciones de Pablo Iglesias en mayo de 2015 cuando repetía que su formación «no entrará a formar parte de ningún gobierno presidido por un candidato del PSOE». Será una consulta a la militancia de Castilla La Mancha la que ratifique la decisión. Pero, como siempre en Podemos, los inscritos acudirán a votar teniendo muy claro cuál es el dictamen de la dirección al respecto.

Iglesias avaló ayer una decisión que él mismo había comentado con Pedro Sánchez, en una conversación que mantuvieron el jueves por la tarde, según confirman desde ambas formaciones. «A veces para que haya garantías de que se llevan a cabo políticas que se acordaron es necesario asumir esas responsabilidades de Gobierno», sentenció ayer el líder de Podemos.

En la formación populista la digestión de esta decisión está siendo muy difícil. Por un lado es una constatación más de que la estrategia de confrontación con la que se impuso en la batalla interna de Vistalegre II ante Íñigo Errejón. La victoria de Sánchez en las primarias socialistas, con su rechazo frontal al PP como bandera, le ha robado la posibilidad de presentarse como única oposición y le obliga a una estrategia de colaboración.

Una tesis más cercana a la que Errejón ha defendido en la Universdad de Podemos hace unos días, cuando planteó a su partido que hay que dejar de «obsesionarse» con el PSOE para generar una relación mucho más colaborativa. Lo denominó «competición virtuosa».

Pero la decisión no ha gustado nada en los Anticapitalistas, el ala más radical de Podemos, que se vio muy reforzado en los procesos internos y cuyo apoyó sirvió al pablismo para retener su feudo más importante: la Comunidad de Madrid. El líder de esta corriente, el eurodiputado y miembro de la dirección Miguel Urbán, recordó que «en Vistalegre II decidimos colectivamente que no había que subalternizarse al PSOE, Podemos vino para cambiar las cosas». Ni él ni la dirigente andaluza, Teresa Rodríguez, participarán hoy en el Consejo Ciudadano que la dirección nacional celebra en Toledo.

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