Evangelizar o morir

La principal misión de la Iglesia es evangelizar y a ello tiene que dedicar sus esfuerzos y sus recursos. Si no lo hace, más pronto o más tarde quedará reducida a una minoría que ni siquiera será la levadura en la masa, porque habrá perdido su capacidad de transformar la sociedad. Ni siquiera las obras sociales deben quedar al margen de la evangelización, porque de lo contrario hasta el bien que se hace a los que sufren terminaría por desaparecer ya que no habría católicos que lo sostuvieran. Sé que esto es difícil de digerir por algunos, que conciben la Iglesia como una eficiente ONG y que creen que evangelizar es sinónimo de proselitismo. Valga para ellos las palabras certeras que un nuncio en un país latino les dijo a los obispos de esa nación hace años: «Ustedes han hecho una opción por los pobres y los pobres se han ido con las sectas». En fin, los obispos se lo tomaron muy a mal, protestaron al Vaticano y al nuncio le cambiaron. Pero tenía razón.

A nosotros en España nos puede suceder algo parecido, aunque aquí la gente no se va a las sectas, sino a la increencia. Por eso hay que replantearse, entre otras cosas, el papel que juegan los medios de comunicación que dependen de la Iglesia. La pregunta debe ser si sirven o no para evangelizar. Pregunta que se hace más acuciante si encima pierden dinero. Si con ellos se evangeliza y son deficitarios, tiene sentido mantenerlos. De lo contrario, ¿no sería mejor dar ese dinero a los pobres, a los cuales, además, hay que evangelizar?

O nos ponemos en serio en esto o nos va a pasar lo que a los ingleses. Para dentro de tres años, en Londres irán ya más musulmanes a la mezquita que cristianos a sus respectivas iglesias y para 2030 esa cifra se habrá triplicado. En veinte años, se han cerrado 500 iglesias y se han abierto 423 mezquitas. El número de conversos al islam en la capital inglesa se ha duplicado y hay ciudades como Leicester donde ya la mitad de los niños son musulmanes. O evangelizamos o morimos. Y eso sirve para todas las instituciones de la Iglesia, incluidos sus medios de comunicación.

Santiago MartínSantiago Martín
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