Europa se estremece ante el avance del populismo ultranacionalista

Después de más de medio siglo de construcción de una Europa democrática y pacífica, en la última década se ha desarrollado en casi todos los países un movimiento contrario, es decir, de ultranacionalismo populista antieuropeo. La crisis de los refugiados ha dado alas a este fenómeno que amenaza los cimientos del esqueleto en el que se basa el proyecto comunitario.

En las últimas elecciones al Parlamento Europeo se produjo por primera vez en la historia de la institución un cambio esencial. Los partidos abiertamente antieuropeos han formado no solamente un grupo político, sino dos. Y si se suma a los euroescépticos liderados por el Partido Conservador británico, ya son tres. Si los dos más radicales, el grupo de la Libertad y la Democracia Directa que lidera el nacionalista británico Nigel Farage hubiera querido sumarse al de la francesa Marine Le Pen, el de Europa de las Naciones y las Libertades, habrían formado un grupo con más diputados que los liberales.

En Gran Bretaña es el partido independentista UKIP el que amenaza al histórico Partido Conservador, pero el nacionalismo también se desarrolla en las democracias escandinavas. En Finlandia, una reciente encuesta situó al líder del Partido de los Finlandeses, Timo Soini, como uno de los más apreciados por los electores. Los nacionalistas xenófobos han pasado en pocos años de sorprender en el tercer puesto a formar parte de la coalición del Gobierno desde el año pasado. La política de un país tan relevante como Dinamarca está también marcada por el Partido Popular Danés, que ha logrado cambiar la agenda sobre las relaciones con la inmigración y los extranjeros.

El nacionalismo está de vuelta también en países grandes como Polonia, cuyo gobierno, ahora en manos del Partido de la Ley y el Orden (PIS), desafía abiertamente las reglas que deben asumir todos los países miembros de la UE y que está forzando a la Comisión Europea a contemplar la posibilidad de sancionar a Varsovia por atentar contra las reglas básicas de la democracia.

«Una Hungría mejor»

Lo que suceda en Polonia tendrá a su vez repercusiones directas en la evolución de otro de los países recién adheridos al proyecto europeo: Hungría. En Budapest gobierna con una holgura más que inusual una figura como Viktor Orban, en ocasiones muy discutida precisamente por su forma de expresar opiniones sobre los extranjeros o la defensa de la cultura nacional húngara. Pero en estos momentos, la única fuerza que puede representar un desafío para Orban es JobbiK, el «Movimiento para una Hungría mejor», todavía más extremista.

Y sin embargo, el principal temor para todas las instituciones europeas sigue siendo Francia. El Frente Nacional de Marine Le Pen es en ciertos aspectos la mayor fuerza política de este país y solo las particularidades de su sistema electoral han impedido que ocupe un papel mayor en la política interior. Las elecciones presidenciales de 2017 serán sin duda un momento de gran peligro para todo el continente, ante el riesgo de la llegada al poder de una persona que se propone sacar a Francia de la UE y del euro.

En Francia se prevé una situación muy parecida a la que se ha dado en Austria, es decir, una sociedad dividida por la mitad entre los que apoyan a una fuerza nacional-populista (Norbert Hofer) y los que por intentar impedir su llegada al poder se resignarían a aceptar a cualquier candidato alternativo (Van der Bellen).

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