El Rey esclavo
Los cristos del siglo XXI son negros. Van detrás de su Esperanza en una patera. Han cambiado la espinas por[…]
Los cristos del siglo XXI son negros. Van detrás de su Esperanza en una patera. Han cambiado la espinas por concertinas barbadas que llagan sus costados al saltar de una vida a la otra, de la miseria a la resurrección. Son hijos de una fe invencible en el paraíso físico, aquel en el que no hay hierros de fragua marcando sus caras o forjando sus cadenas. Esos cristos nuevos que viven en los semáforos sueñan con ser émulos de Euno en sus rebeliones contra el yugo de la injusticia y la sumisión al dinero. Y son herederos de un milagro sevillano: la Fundación de Dios en sus vidas. Por eso a los pies del Cristo de Ocampo hay siempre pinchos de acacias, alambradas. Y por eso ese paso de caoba es un bote buscando la playa de la Catedral a la deriva, dejándose llevar por las olas de los siglos desde la bahía de Guinea hasta el puerto de Sevilla, desde las oscuridades del hombre hasta la luz del Hombre. El Cristo de la Fundación es el más cautivo de esta ciudad. Porque todos sus hermanos llevan 625 años con las muñecas atadas. Y la cruz no es el cadalso. Es la libertad.
