El oro, entre el deseo y la realidad
Hay inversores que compran este metal precioso convencidos de que solo puede evolucionar al alza.
Existe la tendencia de buscar una explicación que haga encajar la realidad en nuestros deseos, que justifique por qué aún no los hemos logrado y que argumente por qué los vamos a conseguir. Para eso existen los programas como excel, que aguantan todo lo que les echemos y que justifican cada plan económico que planteamos.
El inversor que compra oro cree, amparado en sólidos argumentos fundamentales de la economía real, que el metal solo puede evolucionar al alza en el medio y largo plazo. Sin embargo, la realidad de su cotización comparada con el dólar de Estados Unidos, demuestra que el oro como inversión no es distinta a las demás, depende de una variable: el precio.
Solo para quienes aprecian el oro como la reserva de valor que es, el único dinero aceptado por cualquiera en todos los lugares del mundo y el salvoconducto y salvavidas en casos de hiperinflación, conflicto social, corralito o desabastecimiento, entre otras desgracias a las que nos vemos sometidos cíclicamente, está justificado adquirir oro con la idea de diversificar la divisa en que mantenemos nuestros ahorros.
Estabilidad
Porque cuando se hace necesario poner en circulación el oro, en muchos casos no tiene transcendencia su cotización oficial frente a su valoración extraoficial, pero sobre todo lo que realmente importa en esos tiempos es tener o no tener el metal; lo tienes y puedes superar el episodio, no lo tienes y te dejas llevar por las circunstancias. El oro, en términos de bienes y servicios, es el dinero más estable a lo largo de la historia, con capacidad para mantener o aumentar su poder adquisitivo en situaciones críticas.
El fuerte alza del dólar frente a todas las divisas es perfecto para justificar que el oro no consiga recuperar la senda alcista; a un dólar más valorado le corresponde o más oro por lo mismo, o menos dólares por cada onza. Un argumento que pisa el terreno de lo fundamental para explicar qué ha sucedido.
Que Apple vaya a fabricar un reloj en oro, con sus propias previsiones de ventas y otras absolutamente exageradas que circulan por la red y su supuesta influencia en la cotización del metal, es algo que solo excel puede soportar, un argumento de tipo fundamental que se utiliza para dar carácter científico al deseo de que el oro suba frente al dólar.
Pero como he dicho antes, a quien busca el beneficio por diferencia entre el precio de venta y el de compra, lo que le debe importar es el precio y su situación estadística, porque es la variable que le permitirá establecer, de forma objetiva y no subjetiva, cuándo el precio ha comenzado a subir y cuándo a bajar.
Soporte difícil de perder
La zona de precios en que está enclaustrado y soportado el oro desde hace dos años, representa un soporte muy difícil de perder sin una parada o reacción previa. Pero es que esa parada ya se ha producido en varias ocasiones y, por tanto, ya está cumplida la previsión de soporte. La confluencia de la directriz principal confirmada en 2009, con el nivel de retroceso del 38 por ciento del alza desde los mínimos históricos y con el 62 por ciento de pérdida del tramo acelerado entre 2009 y 2011, es una referencia que ha probado su eficacia, pero que se podría perder con fuertes implicaciones bajistas.
En los últimos días de la semana pasada el precio estaba consiguiendo respetar el soporte de la directriz. Aun tendría margen para descender hasta los 1.160/1.145 dólares sin que se dañara la situación técnica. Pero por arriba los 1.220 han puesto freno a cualquier intento de escape al alza que persiga superar el techo del canal lateral-bajista que se dibuja desde hace dos años.
El corto plazo está condicionado por los 1.220 por arriba y los 1.190 por abajo. El medio plazo tiene en los 1.160/1.145 su soporte a respetar. La superación de los 1.300 es la señal alcista necesaria, para cambiar el régimen hacia mínimos y máximos ascendentes que serviría para apoyar la especulación alcista en el medio y largo plazo.