El Nobel Pamuk se posiciona con los académicos atacados por Erdogan

La lucha contra las milicias kurdas del PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) no se limita únicamente a los duros enfrentamientos urbanos en las provincias del sudeste del país. Como en toda la guerra, la comunicación, o la propaganda, según se quiera definir, juega un papel crucial. Al igual que con las armas, Recep Tayyip Erdogan y la Administración turca están dispuestos a todo para ganarla, incluso a enfrentarse a la élite académica del país. Pero las voces, algunas de reconocido prestigio internacional, no dejan de alzarse en su contra.

Orhan Pamuk, ganador del premio Nobel de Literatura en 2006, se ha posicionado a favor de los más de 1.000 académicos que están siendo investigados por la Fiscalía debido a un posible delito de «propaganda terrorista». La publicación de una carta abierta titulada «No seremos parte de este crimen», en la que pedían la paz en el sudeste del país y criticaban duramente las políticas del Gobierno de implantar sucesivos toques de queda militares, causó en un primer lugar las iras del presidente Erdogan y, poco más tarde, la actuación de la Fiscalía.

«Retorcerles los brazos, llamarles traidores y clamar venganza no se corresponde con Turquía y con la riqueza de la que Turquía procede», ha asegurado Pamuk en una entrevista televisiva.

Aunque el Nobel ha calificado la carta como «incorrecta», también ha querido dejar claro que cree que su contenido general es de «paz y bondad». Según el autor de ?El Museo de la Inocencia? o ?El Castillo Blanco?, Turquía debería recobrar un ambiente de «moderación» que dejó de existir cuando se rompió la tregua entre el Gobierno y el PKK el pasado mes de julio.

Orhan Pamuk no se encuentra cómodo con la resonancia internacional que el reflejo del premio Nobel da a todos sus comentarios políticos. No obstante, no es la primera vez que critica al partido islamista del AKP, con quien nunca ha mostrado excesiva afinidad.

Acusaciones

Diversos académicos firmantes de la misiva fueron detenidos en un primer momento, aunque liberados posteriormente a la espera de que se resuelvan las acusaciones que pesan sobre ellos. Además, decenas de ellos han perdido su puesto de trabajo, como el profesor de Filosofía Ramazan Kurt, que hasta hace pocos días impartía clases en la Universidad Atatürk de la provincia de Erzurum.

«¿Creéis que podéis atacar la unidad de esta nación? ¿Creéis que podéis continuar teniendo una vida cómoda con un suelo del Estado sin pagar ningún precio?» clamaba Erdogan hace pocos días en contra de todos los que apoyaron la carta, a quienes acusó de haberse caído en un «foso de traición».

Los académicos no son los únicos en el punto de mira de la justicia turca. Numerosos periodistas críticos con la gestión del Gobierno han sido detenidos durante los últimos meses. E incluso los apolíticos corren el peligro de meterse en problemas. Es el caso de Beyazit Oztürk, que conduce el programa de entretenimiento Beyaz Show. Una de sus emisiones fue calificada de «propaganda terrorista» e investigada después de que una espectadora interviniera en directo a través del teléfono hablando del sufrimiento de muchas familias en las zonas kurdas del sudeste del país.










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