El CIS revela que la parálisis política seguiría tras unas terceras elecciones

Si las elecciones generales del 26 de junio se hubieran celebrado dos semanas después, el bloqueo político habría sido casi idéntico al actual. El PP sería, de nuevo, el partido ganador con mucha claridad, pero el batacazo de Unidos Podemos habría sido aún mayor y el PSOE podría haber sumado algún escaño más, mientras que Ciudadanos habría ratificado la tendencia a la baja que está sufriendo en los últimos meses. Estas son las conclusiones que pueden extraerse del último barómetro del CIS, realizado del 1 al 11 de julio, es decir, con las urnas aún calientes.

Con el CIS en la mano, los cuatro primeros puestos se mantienen con un respaldo muy parecido al del 26 de junio, salvo leves variaciones en la estimación de voto. Los españoles no parecen dispuestos a grandes cambios en las urnas, por lo que la parálisis podría persistir incluso tras unas terceras elecciones.

De los cuatro principales partidos, solo subiría algo el PSOE, aunque tan solo serían cinco décimas. A los socialistas podría servirles para afianzarse en la segunda posición, pero aún están lejísimos del partido ganador, el PP.

La formación que lidera Mariano Rajoy volvería a ganar con un 32,5 por ciento, frente al 33 por ciento que obtuvo el 26-J. Son cinco décimas menos, pero el resultado sigue siendo bastante superior al de las elecciones del 20 de diciembre, cuando se quedó en un 28,7 por ciento. No obstante, sería de nuevo claramente insuficiente para gobernar, y otra vez resultaría imprescindible el concurso del PSOE y Ciudadanos para permitir una investidura que permitiera salir del bloqueo y echar a rodar la legislatura.

Pese a la pérdida de cinco décimas, el PP conserva una ventaja de 9,4 puntos sobre el PSOE, que sigue instalado en un suelo histórico del que apenas levanta cabeza.

El bipartidismo clásico (PP y PSOE) mantiene el tipo, pese a todo. Los dos grandes partidos nacionales suman un 55,6 por ciento en estimación de voto, exactamente igual que el 26 de junio. Un dato que contrasta con el de las dos formaciones emergentes, que siguen perdiendo terreno.

Entre Unidos Podemos y Ciudadanos retroceden 2,5 puntos, y suman un 31,6 por ciento, 24 puntos menos que los dos grandes partidos. Pero este dato hay que matizarlo, porque Podemos suma a Izquierda Unida, que el 20-D, en solitario, logró un 3,7 por ciento. Por tanto, los dos nuevos partidos, sin la alianza con IU, podrían no llegar ni al 30 por ciento de los votos. El 20 de diciembre rozaron el 35 por ciento.

Uno de los datos más relevantes de este CIS pegado a las urnas del 26-J es el de la tendencia a la baja de Podemos. Todo indica que si las elecciones se hubieran celebrado dos semanas después, el resultado de la formación de Pablo Iglesias habría sido aún peor. Los populistas se quedan en un 19,6 por ciento en estimación de voto, y se alejan de ese salto sobre el PSOE, con el que fantasearon durante toda la campaña electoral, aupados por la mayoría de las encuestas y estudios demoscópicos.

El mito del salto o adelantamiento en la izquierda española se desvanece a marchas aceleradas. No lo hubo el 26-J, lo que permitió a Pedro Sánchez hacer una lectura más positiva del peor resultado de la historia del PSOE, y en este momento sería, probablemente, más difícil todavía.

Si el 26-J Pedro Sánchez superó a Pablo Iglesias por 1,5 puntos y le permitió reivindicar su posición de principal partido de la oposición, ahora esa grieta se ha abierto hasta los 3,5 puntos en estimación de voto (Izquierda Unida incluida).

La persistente caída de Podemos en esa primera parte del mes de julio coincidió con el desencanto que produjo en su electorado el mal resultado electoral, tras las expectativas de éxito que había generado Iglesias.

Después de eso, el líder populista se echó a un lado en el debate político y se limitó a advertir al PSOE de que si permitía gobernar al PP ese paso le convertiría a él directamente en jefe de la oposición. La caída de Podemos complica, además, una supuesta alternativa de izquierdas a un Gobierno presidido por el PP.

El cuarto partido nacional, Ciudadanos, se mantiene a la baja. El 20-D rozó el 14 por ciento, el 26-J se quedó en un 13 y ahora ya va por un 12 por ciento. Los expertos demoscópicos coinciden en señalar que si hubiera nuevas elecciones, el principal perjudicado sería, sin duda, el partido de Albert Rivera. De ahí que sea uno de los principales interesados en que la negociación abierta con Rajoy acabe bien y se desbloquee la situación política.

Unas terceras elecciones podrían suponer un golpe durísimo a Ciudadanos, después de que haya perdido ocho diputados en el Congreso desde el 20 de diciembre.

Otro partido que sigue cayendo sin pausa es Convergència (ahora Partido Demócrata Catalán). El 20 de diciembre obtuvo un 2,25 por ciento de votos, el 26 de junio se quedó en un 2 por ciento, y ahora ya está en un 1,7 por ciento en estimación de voto. El declive de la antigua CiU es evidente, y ya queda muy lejos ese 4,17 que logró en 2011, con 16 escaños. Ahora ni siquiera tiene grupo parlamentario propio en el Congreso.

La estrategia independentista que lideró Artur Mar y que mantiene Carles Puigdemont está beneficiando a ERC, que sube tres décimas desde el 26 de junio y se sitúa en un 2,9 por ciento, muy por delante de Convergencia.

En el País Vasco, el PNV se mantiene sin cambios respecto al 26-J: un 1,2 por ciento, lo que le garantizó, en este caso sí, tener grupo en el Congreso.

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