Desesperación en Vallecas: dos años sin dormir por el camión de la basura

No pueden dormir de noche ni de día. Son más de 200 vecinos del número 37 de la calle del Puerto de Pozazal que aseguran que la situación es insostenible desde hace un par de años. «Vivimos entre basura, ruido y moscas», resumen. El motivo, afirman, es la actividad desplegada por la empresa Urbaser en el cantón de camiones de recogida de residuos sólidos urbanos de Selur y de grúas con contenedores de obra, situado junto a sus casas, donde se limpian los vehículos (cerca de un centenar) y se cargan de combustible. Y, todo ello, funcionando a pleno rendimiento las 24 horas del día, entrando y saliendo sin cesar, impidiéndoles descansar. Así lo aseguran a ABC una decena de residentes de la urbanización.

Han presentado cerca de una treintena de denuncias colectivas ante el área de Medioambiente y de Salud del Ayuntamiento y de la Junta Municipal de Puente de Vallecas e, incluso, han recurrido ante el Defensor del Pueblo. Aunque unos y otros les han dado en parte la razón, la situación no cambia. Y están desesperados y agotados.

Contaminación lumínica

«Estamos hartos. Esto era una urbanización de lujo, vivíamos de maravilla cuando nos entregaron los pisos hace siete años. Ahora no podemos abrir las ventanas en invierno ni en verano, porque, además del ruido y del olor insoportable, con el calor, la casa se nos llena de unos moscardones tremendos; además, han aparecido ratones en las zonas comunes y, a veces, hasta se cuelan restos de desechos», explican Alicia, Fernando, Rafael y Esther. Para acabar con los roedores utilizan gatos castrados, un método infalible, aseveran.

«Así no se pude vivir. Al constante ruido, que no cesa en ningún momento con el paso constante de los camiones y las conversaciones de los operarios, se une la contaminación lumínica durante los 365 días del año. Por las noches, eso parece un campo de fútbol: no necesitamos encender la luz en la habitación ni en salón y, evidentemente, nos vemos obligados a bajar las persianas. Esto es, además de insalubre, perjudicial para la salud desde todos los puntos de vista», agregan Carolina y Alberto. Ellos viven en el bloque número 3 de la urbanización, el más afectado, por su cercanía al aparcamiento de Urbaser.

«Cuando compramos los pisos, que nos costaron carísimos, pues nos afectó la burbuja inmobiliaria, estas instalaciones no existían. Previamente, todo el suelo se recalificó y pasó de rústico a urbanizable. Empezaron a construir el parque móvil del Selur, que empezó a funcionar en 2012, cuando solo aparcaban máquinas quitanieves. Poco a poco, su actividad y las molestias han ido creciendo», asevera Rafael, uno de los residentes más activos en las protestas que están realizando.

Ahora, «por si no tuviésemos bastante con los olores, los insectos y las agradables vistas, la situación se está convirtiendo en peligrosa», coincide este grupo residentes. «A unos diez metros de nuestro edificio han colocado depósitos para cargar los vehículos con gas y gasóleo, junto a una de las zonas infantiles. Es ilegal, como ha asegurado el Defensor del Pueblo, y una auténtica vergüenza, pero nadie hace nada», se lamentan. En un escrito fechado el 25 de enero pasado, aconseja no utilizar los depósitos de combustible al carecer de licencia, así como realizar nuevas mediciones del ruido. El Ayuntamiento alega, por su parte, que «el parque móvil del Selur lo forman siete vehículos pequeños y soterrados».

«El nivel de ruido triplica el permitido en todas las franjas horarias en los pisos más afectados», recalcan, en base al estudio que encargó la comunidad de vecinos. «Es una pesadilla. Muchos niños han bajado su rendimiento escolar por la falta de descanso, mientras que muchos adultos están no ya irascibles, sino agresivos. Es para volverse loco», explica Rafa. «Para dormir a pierna suelta nos vamos a casa de nuestros padres los fines de semana o nos tenemos que poner tapones en los oídos o tomar pastillas», indican Alicia y Jesús. «A mí lo que me pone más nervioso es el pitido de los camiones de la basura cuando dan marcha atrás por la noche o depositan los contenedores de obra en el suelo, con gran estruendo», agrega este último.

«Lo peor de todo es si, en plena madrugada, se te ocurre llamar la atención de los operarios, que cantan o hablan como si fueran las doce del día o están de cachondeo. Se crecen y se ponen a armar más jaleo o a arrojar bolsas, botellas o espejos», agregan todos. Rafa indica que, a pesar de que la Junta Municipal «ordenó en abril de 2014 la clausura de las instalaciones por carecer de licencia de funcionamiento», todo sigue igual.

«Yo estoy cogiendo manía a mi casa, te lo digo de verdad. No sé qué solución adoptar», alega Fernando. Muchos, al límite, se han marchado tras malvender sus casas por 150.000 euros menos de media de lo que costaron sobre plano: 300.000, 280.000, 110.000, en función del número de habitaciones. Y los que optan por el alquiler, la renta no supera los 400 euros, un chollo, vaya, pero ahora sí sabes dónde te metes», precisa.

«Estamos muy quemados; antes llamabas a la Policía Municipal y acudían por la noche. Ahora, no. No pueden hacer nada. Ya nos conocen», alega Carolina. «Yo he pensando en blindar la finca; esto es flagrante. Solo pedimos que dejen de darnos largas, que se acabe esta pesadilla y que podamos vivir y descansar en paz, no como en plena autovía, como ahora», concluyen.










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