Cataluña no es Venezuela

Las recientes declaraciones del cardenal Omella, aragonés y arzobispo de Barcelona, no dejan lugar a dudas sobre lo que piensa y, probablemente, sobre cómo se va a posicionar la alta jerarquía de la Iglesia en Cataluña ante el referéndum ilegal que se planea. «El concepto de nación está muy claro en la Constitución», afirmó el purpurado, aludiendo a la máxima legislación española y zanjando así la cuestión. El apoyo de Omella a la Carta Magna sitúa a la Iglesia dentro de la legalidad ante el reto del independentismo. Ni debía ni podía ser de otra manera. Si la Iglesia no estuviera con la ley, es decir si amparara acciones ilegales, ¿con qué autoridad moral iba a reclamar a los feligreses el cumplimiento de los preceptos éticos? ¿Cómo se puede decir, «no debes robar» o «no debes matar» o «no debes mentir», mientras se está violando la ley civil y colaborando con que ésta se incumpla?

Sin embargo, puede suceder que, en determinadas circunstancias, la Iglesia sí esté contra el cumplimiento de la ley. Eso sucede cuando se trata de una ley injusta -por ejemplo, si se obligara a los médicos católicos a hacer abortos, impidiéndoles que recurran a la objeción de conciencia- o cuando la situación del país es de tan grave injusticia manifiesta que el deber moral ahí consista en llamar a la insumisión o incluso a la rebelión. Es lo que acaba de suceder en Venezuela, con las últimas declaraciones de sus obispos, en las que, entre otras cosas, piden al Ejército que se ponga al lado del pueblo oprimido -ya van cerca de cien muertos en las manifestaciones, miles de heridos y centenares de detenidos que son torturados en las cárceles del régimen-.

Si Cataluña fuera Venezuela se podría entender que la Iglesia apoyara la ilegalidad. Pero no lo es, aunque a Podemos y a sus aliados les encantaría que así fuera. ¿Dónde están los muertos, la represión, la tortura? ¿dónde la falta de libertad -si la hay es para los que defienden la unidad con el resto de España- o el control de los medios por el Estado? Cataluña no es Venezuela. El cardenal Omella lo sabe y por eso defiende la legalidad recogida en la Constitución. Como debe ser.

Santiago MartínSantiago Martín
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