Cataluña lo primero

De las cuatro reuniones de Pablo Casado como presidente del PP, la más importante es la última, lo que no quiere decir que las otras no lo sean, pero sin la relevancia de la última. La primera, entrevistarse con Rajoy, imprescindible para demostrar que no hay fractura en el partido, como quisieran sus rivales, sino continuidad. Siguió otra con Aznar, para agradecerle su apoyo e intercambiar opiniones, algo natural, siempre que el ex no crea que le debe el puesto e intente gobernar, como ocurrió con Rajoy. Hoy, se entrevista con Soraya para ver quién de su equipo se incorpora al vencedor, como muestra de unidad. Y mañana, celebrará el primer comité ejecutivo en Barcelona, como prueba de que el catalán es el asunto más grave y urgente que tiene España. Aparte de llevar un mensaje de aliento, cariño, solidaridad a aquellos compañeros, que desde hace décadas vienen manteniendo el asedio de prácticamente todas las fuerzas políticas. Un mensaje que podría reducirse a «¡No os olvidamos! ¡Estaremos siempre a vuestro lado!», que la dirección del partido había olvidado tanto en el Gobierno como en la oposición y es imprescindible si el PP quiere seguir siendo alguien en Cataluña y en España.

El desplome empezó el 28 de abril de 1996, en la reunión de Aznar y Pujol en el hotel Majestic de Barcelona, de la que salió un acuerdo por el que Pujol prestaba a Aznar el puñado de votos que necesitaba para ser elegido presidente del Gobierno a cambio de tener prácticamente manos libres en Cataluña, empezando por la salida de Vidal-Quadras, que había conseguido 17 escaños en el Parlament. Desde entonces, el PPC no ha hecho más que retroceder y hoy ni siquiera puede formar grupo parlamentario. Mientras el nacionalismo crece, se ha hecho independentista (si no lo era ya), Convergencia no existe y los Pujol están procesados. Aquel pacto fue letal para todos, incluida la causa española en Cataluña, especialmente para el PP, que ha cedido el protagonismo de la misma a una nueva formación, Ciudadanos, que ha terminado siendo la fuerza más votada en aquella comunidad.

Parece que Pablo Casado está dispuesto a recuperar esa causa, al decir a los catalanes que se sienten también españoles, que no están solos, que el PP está dispuesto a dar la batalla por ellos, primero, porque se lo exige la ley, segundo, porque no puede abandonarlos en manos de supremacistas que ni siquiera reconocen como catalanes a los que se sienten también españoles y tercero, porque son más, como muestran todas las encuestas. Se acabaron los cabildeos, las concesiones y los complejos de inferioridad, cuando los acomplejados son ellos. Vamos a ver en qué acaba esto. De momento, el PP ha vuelto a Cataluña, lo que es una buena noticia para todos los españoles y, especialmente para los catalanes, pues, visto lo visto, lo que les espera bajo el exilado en Alemania no es para tirar cohetes de fiesta, sino más próximo a lo ocurrido en Cangas del Narcea.

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