BlaBlaCar se adelanta en los juzgados

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Como si de una carrera se tratara, BlaBlaCar y la patronal del autobús (Confebus) compiten desde el pasado verano por ver quién obtiene antes el beneplácito de los tribunales. La demanda del sector del autobús contra Comuto, la empresa que representa a la plataforma, por competencia desleal en agosto supuso el pistoletazo de salida de una particular competición que celebró su última etapa el lunes, cuando un juzgado de Madrid paralizó la suspensión temporal de la herramienta francesa.

No solo se encuentra en juego la legalidad de BlaBlaCar, sino la propia naturaleza de la compañía. Como sucede en este tipo de casos, la plataforma se ha justificado afirmando que no son una empresa dedicada al transporte. Incluso en verano aseguró en un comunicado que era «una red social».

Mientras, Confebus basa su demanda en que la aplicación «no garantiza ni la seguridad ni la calidad de su transporte y no tiene que cumplir la misma normativa». Según afirma a ABC Rafael Barbadillo, copresidente de la patronal, estas circunstancias han permitido que BlaBlaCar «sea más barato» y la demanda del autobús haya caído en gran medida en los últimos años.

Son argumentos que, sin embargo, no han servido para que el juez decrete el cese provisional de BlaBlaCar. Hasta que se determine finalmente si es lícita o no su actividad, la plataforma podrá seguir funcionando. El juzgado determinó en su auto que no es procedente esta suspensión cuando la herramienta opera desde hace casi siete años en España y no ha sido hasta el año pasado cuando se ha producido la demanda. «Hemos hecho unos análisis previos que han requerido tiempo, además la plataforma ha cambiado su forma de operar en los últimos meses», asegura Barbadillo.

El fondo del caso

Pese al espaldarazo a la aplicación, es cierto que el juez no entra a debatir el fondo de la cuestión en su auto, por lo que parece aventurado concluir que BlaBlaCar tiene asegurado su futuro en España. Por el momento, la plataforma se ha mostrado «totalmente satisfecha» con la decisión y ha asegurado que este es «el primer paso de un proceso que afrontamos con la convicción y confianza de poder seguir explicando lo que somos y lo que no somos ante el juez». Los tribunales, por su parte, piden tiempo.

Cabify vivió el proceso por el que ha pasado BlaBlaCar hace un par de meses, cuando otro juzgado desestimó el cierre cautelar solicitado en su demanda el sector del taxi. El tiempo de actividad de la aplicación (cuatro años) también fue determinante para el juez, que desetimó la suspensión por intepretar que sería una medida «desproporcionada». Uber, en cambio, no tuvo la misma suerte y fue suspendida por su «opacidad» pocos meses después de aterrizar en España. De hecho, los reveses judiciales llevaron a la compañía a cerrar su servicio en España en 2014. Casi un año después decidió empezar de cero, cambiar su estrategia y admitir que habían «cometido errores».

Es el camino que Confebus espera que recorra BlaBlaCar. La patronal mantiene su certeza de que el hecho «todavía no ha sido juzgado» y espera que en el futuro el juez tenga en cuenta sus alegatos. Al igual que Cabify, la empresa francesa ha salvado un trayecto complicado. La carrera, al igual que sucede con otros conflictos de la misma índole, sigue viva.



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