Atocha se rebela por la reducción de carriles: «Carmena va a hundirnos»

La reforma del Ayuntamiento en las calles de Atocha y Carretas, que pretende acabar con la mitad de los carriles de circulación, tiene de uñas a comerciantes y vecinos de la zona. La polémica reforma, que se prolongará durante 18 meses, no ha sido precisamente muy bien recibida por la ciudadanía del barrio, que cree, sobre todo en el caso de quienes trabajan allí, que puede influir negativamente en su volumen de negocio. Una de las principales quejas de los pequeños y medianos empresarios se centra en la reducción de las posibilidades de paso a los vehículos privados que, a su juicio, puede conllevar la reducción del volumen de negocio y la creación de grandes atascos.

Raquel Durán, trabajadora de un establecimiento de loterías de Atocha, comparte una visión negativa de la reducción de carriles. La lotera considera que puede ser «desastroso para los negocios», ya que, en los últimos años, «la gente ya no sube caminando la calle, los clientes van en coche y paran en doble fila para comprar»; por lo que quitar esa posibilidad jugará un papel contrario a los intereses de los comerciantes. «En vez de poner tantas aceras, sería necesario establecer más zonas de aparcamiento», continúa la mujer, que también cree que esta reducción puede provocar el aumento de atascos con sus correspondientes problemáticas acústicas y medioambientales.

Lucía García, dependienta de un estanco, afirma que, además de los embotellamientos, la reducción del espacio complicará la carga y descarga de los materiales necesarios en sus comercios, por lo que tendrán dificultades para abastecerse a diario.

Los 18 meses que se alargarán las obras tampoco han sido bien recibidos por el conjunto de trabajadores, quienes consideran que es una duración «descabellada», tal y como asegura Carmen Tomás, quiosquera de esta calle. Opina que las obras «deberían hacerse en verano y no en otoño», ya que «es cuando hay menos gente en las calles» y, por lo tanto, perjudica menos a las ventas.

La opinión de Lucía García también es negativa en lo referente a la ejecución de las obras, ya que considera que «se van a alargar mínimo dos años» y carga contra la decisión consistorial asegurando que «buscan acabar con el pequeño comercio».

Pero también hay voces a favor. Jesús Echarri, farmacéutico del barrio, considera «necesaria» la reforma de la calle. Asegura que lo mejor para ellos sería «llegar a un equilibrio entre peatones y conductores», aunque considera que las obras serán «un calvario» que tendrá «mucho impacto» en los comercios.

Reforma integral

Existen otros comerciantes que tienen una postura positiva ante la reducción de carriles, ya que, según ellos, puede atraer a muchos viandantes que comprarán en sus negocios, pero se mantienen cautos. Es el caso de Susana Castillo, trabajadora de una droguería, quien mantiene que, aunque «sufrirán las obras», a «largo plazo», les saldrá positivo: «El pequeño comercio gana en función de cuantos más peatones haya cerca», así que esta reforma puede ser «una gran oportunidad».

El proyecto del Ayuntamiento, aprobado el pasado jueves en la Junta de Gobierno, busca realizar una apuesta por el transporte público en detrimento del transporte privado. El objetivo es reducir la vía a un sólo carril por sentido en la calle de Atocha, entre la glorieta del Emperador Carlos V y la plaza de Antón Martín, y convertir la calle de las Carretas en una vía peatonal. El espacio sobrante tras la reducción de carriles será ganado para ampliar las aceras, una de las obsesiones de Ahora Madrid en esta y otras grandes arterias.

Después de las obras, a las que se las ha asignado un presupuesto de 7 millones de euros, toda la calle de Atocha quedará reducida a un carril en cada sentido, cuando, en la actualidad y en algunas zonas, cuenta con hasta seis carriles. En el proyecto también se incluye la renovación del pavimento de aceras y calzadas, además del reordenamiento de las zonas de aparcamiento y la renovación del mobiliario urbano.

Además, en estas vías, se buscará favorecer la circulación de los ciclistas estableciendo un ciclo-carril (en el que estén integrados con los coches), limitado a los 30 kilómetros por hora y que se alargará en los 1,3 kilómetros de longitud de la calle.

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