Ascenso y caída de los personajes más excéntricos del trumpismo

«Me voy a rodear solo de la gente mejor y más seria», aseguró Donald Trump antes de ser elegido presidente de EE.UU. «Queremos profesionales de primera línea». La promesa se recuerda cada vez que un nuevo miembro de su Gobierno se va por peteneras. El ejemplo más fresco es el de Omarosa Manigault-Newman, la estrella de su programa de televisión «El aprendiz», convertida en asesora de la Casa Blanca y ahora azote del presidente, con un libro de memorias explosivo y grabaciones secretas de la Casa Blanca.

Hubo otros antes: personajes lenguaraces, excéntricos, de reputación dudosa o ahogados en problemas éticos. La razón de que llegaran a altos cargos de la primera potencia mundial solo se explica en la caótica, personal, intuitiva gestión de Trump, nunca vista en EE.UU. Él los coloca y los quema. Algunos le sirven para cubrir una necesidad concreta o para distraer con el ruido de declaraciones estrambóticas. Todos serían divertidos, si Trump siguiera siendo un personaje televisivo.

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