Alitalia, al borde de quebrar tras el «no» de la plantilla al plan de rescate

Alitalia fue un tiempo el símbolo del esplendor italiano en el mundo, pero hoy es la metáfora de un desastre empresarial que humilla al país, causando un terremoto político y económico. La aerolínea que durante 70 años fue la compañía de bandera está al borde de la quiebra por una cadena de errores que son reflejo de los males italianos, con errores de todos: accionistas, dirección, gobiernos, sindicatos y trabajadores.

Una catástrofe económica que ha costado a los italianos en unos 30 años 7.400 millones de euros. Solo en el 2016 las pérdidas fueron de 600 millones de euros. La última locura de la compañía, que ha tenido ya dos huelgas en este año, se producía el lunes: las dos terceras partes de los 12.500 trabajadores rechazaron en un referéndum el plan de reestructuración que la compañía había acordado con los sindicatos y el apoyo del gobierno. Se consideraba que era la última posibilidad de relanzamiento de la compañía con un plan industrial que preveía una recapitalización de 2.000 millones de euros para mantener en pie la compañía, la inversión más grande del último decenio por parte de socios y bancos accionistas (Intesa San Paolo Unicredit y Ethiad).

El sacrificio que se pedía era el despido de 1.000 trabajadores y una reducción salarial media del 8%. Prevaleció el «no» a pesar de que el gobierno Gentiloni había advertido de que si los trabajadores rechazaban el plan, solo habría un camino para la compañía: nombrar un comisario o administrador para que la gestione durante seis meses y ponerla en venta.

Teniendo en cuenta la advertencia que había hecho el gobierno, a todo el mundo sorprendió el rechazo del plan en referéndum. En una parte de los trabajadores predominó la desconfianza, como pone de relieve Riccardo Canestrari, 54 años, piloto, coordinador nacional del sindicato de su categoría ANPAC: «He visto ya tres reestructuraciones. Recuerdo en especial la del 2008, con mil pilotos y 11.000 trabajadores despedidos sin piedad. Un baño de sangre».

Otra parte de los trabajadores votó en el referéndum contra el plan porque estaba convencida de que el Estado habría salvado Alitalia para evitar consecuencias políticas. En efecto, Alitalia se ha convertido hoy en un problema político de primer orden para el gobierno Gentiloni, porque de la aerolínea dependen 20.000 familias, lo que representa en términos electorales unos 100.000 votos. Ahora sindicatos y trabajadores reclaman la intervención del Estado para que se haga la misma operación realizada con los bancos. No en vano desde hace tiempo se dice que Alitalia se convirtió en una especie de Monte dei Pasqui de Siena de los cielos; es decir, al igual que el banco fue un ejemplo de mala gestión y tuvo que ser salvado con fondos públicos, la aerolínea cometía un sinfín de errores estratégicos mientras se tragaba miles de millones de euros.

El gobierno ha confirmado que no habrá fondos públicos para la compañía, porque Europa prohíbe las ayudas de Estado. Pero, además, la opinión pública está en contra, harta de las perdidas de Alitalia, que quema entre 1,5 y dos millones al día por seguir surcando los cielos. Una encuesta realizada por «Index Research» indica que el 77% de los italianos es favorable a la quiebra de la aerolínea, «porque se rechaza el asistencialismo de los sucesivos gobiernos con las empresas en crisis».

En el suicidio colectivo de los trabajadores al votar «no» en el referéndum ha contribuido, según los expertos, un cierto abuso de los sindicatos y su incapacidad de representación en un mundo global en profunda transformación. El conocido economista Francesco Giavazzi, profesor en la Bocconi, se pregunta, a propósito del referéndum, «si es justo que 10.000 trabajadores decidan cargarse una infraestructura como Alitalia. Si los accionistas están convencidos de que el plan es en el interés de la compañía no deben dejarse imponer una decisión».

El gobierno ha conseguido autorización de Bruselas para otorgar un préstamo de 400 millones de euros a Alitalia con el fin de que siga volando en los próximos seis meses. En ese tiempo, se intentará venderla. Quien la compre impondrá un plan draconiano, aunque hoy en la compañía en la que vuela el papa ?el viernes Francisco viajó con Alitalia a Egipto- nadie está interesado.

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