Agéndese

Aunque aún no aparezca en el DRAE, la Fundéu considera que el verbo agendar está «bien formado» y que «su uso puede considerarse adecuado». A los significados de «anotar en una agenda datos o informaciones» y «programar en un libro o cuaderno las actividades pendientes para no olvidarlas» -que figuran ya en el Diccionario de Americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua- habría que añadir el de «hacer pasar por oficial un acto privado», más que nada por españolizar la cosa. Conjugado en imperativo chavista, el verbo quedaría en «agéndese», como el clásico «exprópiese». Eso hizo Carmen Calvo, vicepresidenta y agendadora de La Moncloa. Ayer supimos por Alberto Caparrós que el avión oficial que trasladó a Sánchez y señora a Castellón para ver a los Killers en el FIB de Benicásim se pasó a recogerlos al día siguiente. Más o menos lo mismo que los pasajeros de Ryanair ayer en Barajas y El Prat, igualico. Somos la izquierda, decía Sánchez, pero viajamos que ni la derecha.

Mientras se prueba gafas de sol para su próximo reportaje aeronáutico, el presidente del Gobierno manda a sus ministras para salvarle la cara. La torpe explicación de Carmen Calvo, primero, y la bobalicona salida de Margarita Robles, con lo de que Sánchez es muy mirado con ese dinero público que según la agendadora no era de nadie, no han logrado sino prorrogar el esperpento. Lo más sensato hubiera sido reconocer desde el primer momento la debilidad de un capricho de ida y vuelta cuyo coste, aún por determinar, se puede transformar en inversión a través de la proyección exterior de un festival que desde hace un cuarto de siglo genera empleo y riqueza. Los complejos ideológicos de Sánchez, sin embargo, le impiden reconocer su condición de nuevo rico, como a los que se compran un chalé en la sierra para emprender «un proyecto de vida». Podemos, más callado que en misa, hace aquí el papel de azafata.

De mal en peor, el presidente del Gobierno se lleva a su mujer a un FIB que es al PSOE lo que los tablaos a los señoritos que llevaban de fiesta a sus propias. De «agenda de cultura» -como dice Carmen Calvo que estaba Sánchez en Benicásim- va uno solo o con el ministro del ramo, no con la mujer. A Sánchez le queda incluso machirula la excursión del concierto: si el presidente del Gobierno no se hace acompañar por Begoña en el resto de sus actos institucionales, ya agendados, va a parecer que considera que las mujeres solo están para cambiarle el nombre al Consejo de Ministros y llevarlas del brazo y guapamente a ver cantar a Brandon Flowers, el de los Killers.

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