«A nadie le conviene tensar la cuerda», opinión de S. Sostres

El ministro Montoro y el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, tuvieron el viernes un primer encuentro «cordial» y «en el marco del mutuo respeto», según aseguran fuentes de Esquerra muy cercanas al líder del partido. Con quien hasta la fecha mejores relaciones, y mejor sintonía, tenía Junqueras era con el ministro De Guindos, circunstancia que explica que éste hiciera a su paso por Barcelona un hueco en su agenda, aunque fuera en el aeropuerto, para verse con el «vicepresident».

«A nadie le interesa que se rompa la cuerda», señala la misma fuente de Esquerra. «El Gobierno sabe que puede apretar, pero que no puede ahogar, porque de cara al mundo, la imagen de Cataluña y de España es una, y que no paguemos nosotros equivale a que España no paga». Sobre las continuas rebajas de calificación por parte de Standard & Poor?s, «responden a las tensiones que hubo en noviembre, cuando la anterior administración congeló los pagos para conseguir más en su negociación con el Gobierno. Hoy la relación es mejor, y a pesar de que no nos sobra nada, no sufrimos angustias desesperadas».

Esquerra está especialmente quejosa con Convergència porque entiende que el «agravio fiscal» que sufre Cataluña tiene mucho que ver con algunos de los inauditos quiebros convergentes. En efecto, el mismo concierto económico que durante la Transición se le ofreció al PNV, se le ofreció también a CiU, y Miquel Roca lo rechazó porque de un lado le parecía impopular que la Generalitat recaudara impuestos y del otro quería asegurarse la cobertura del Estado -como así ha ocurrido durante los peores años de la crisis- en los tiempos de las vacas flacas.

También el equipo económico de Junqueras ha asistido con estupefacción al hecho de que la tan reclamada Agencia Tributaria Catalana no haya sido desarrollada ni siquiera dentro de lo que establece la legalidad. A través de ella, la Generalitat se limita a recaudar sus impuestos, pero tiene subcontratado a los registradores de la propiedad el cobro de los impuestos cedidos por el Estado, y en lugar de asumir su capacidad ejecutoria, le paga un tanto a la Agencia Tributaria Española para que a los ojos de los catalanes sea España quien quede mal.

Es difícil tomarse en serio a unos tipos que creen que libran una guerra y se hacen pis encima como los niños: los del «España nos roba» son los que renunciaron al concierto económico -¿quién «nos roba», España o Miquel Roca?-; y en pleno desafío independentista la Generalitat todavía subcontrata sus competencias tributarias al Estado por el miedo y la cobardía, incompatibles con la pretensión de fundar un Estado, de quedar mal con los catalanes afectados.

Y escuchar a Mas diciendo que está dispuesto a ir a la cárcel por la independencia de Cataluña, para luego no atreverse a convocar ni un referendo sobre la independencia, y decir ante el juez, después de haber proclamado en los mítines todo lo contrario, que ni lo del 9 de noviembre fue un referendo, ni lo organizó él, ni obtuvo de aquella jornada ningún mandato democrático, da una idea de hasta qué punto a España no le hace falta ningún ejército para sofocar el siempre presunto secesionismo catalán, porque ya están Convergència y Mas para ridiculizarlo, pisotearlo y reducirlo a una permanente nostalgia.










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