40 años de representación sindical

El Parlamento español aprobó el 1 de abril de 1977 la ley reguladora del Derecho de Asociación Sindical, que se publicó en el BOE el día 27 de ese mes. Al día siguiente, a las doce del mediodía, la oficina de Depósito de Estatutos de la Organización Sindical abrió su ventanilla por la que pasó en primer lugar la Agrupación Profesional de Representantes de Comercio, seguida de la Asociación Empresarial de Grasas, la Asociación de Desinfectores y el Sindicato de Marinos Mercantes.

Hasta las 12,30 horas no llegaron al registro una docena de sindicalistas que representaban a Comisiones Obreras (CC.OO.), la Unión General de Trabajadores (UGT), la Unión Sindical Obrera (USO), Solidaridad de Obreros de Cataluña (SOC) y Solidaridad de Trabajadores Vascos (STV).

«Ya somos legales», declaró el secretario general de CC.OO., Marcelino Camacho. «Y lo somos porque hemos luchado para conquistar el derecho a la legalidad;nada nos han regalado».

De hecho, tres meses antes habían sido asesinados cuatro abogados laboralistas de CC.OO. en su despacho de la calle de Atocha: Francisco Javier Sauquillo, Luis Javier Benavides, Serafín Holgado y Enrique Valdevira, además del conserje Ángel Rodríguez.

CC.OO. tenía 229.501 afiliados entonces (ahora roza el millón) y su secretario de organización, Julián Ariza, fue uno de los representantes de este sindicato que acudió a la ventanilla para que les sellaran las tres copias del impreso que tenían que presentar. Uno de los delegados de UGT en ese acto fue Manuel Chaves, que años después fue ministro y presidente de la Junta de Andalucía.

Sin embargo, el secretario general de UGT, Nicolás Redondo, declaró a Radio Nacional que no estaba de acuerdo con la nueva ley de asociación sindical y subrayó que «la legalización no supone la libertad sindical, puesto que durante un periodo indeterminado van a coexistir las centrales sindicales democráticas con la estructura del sindicato vertical».

A pesar de la legalización de estas organizaciones, pocos días después, en la celebración del Primero de Mayo, la policía reprimió duramente las manifestaciones convocadas por los sindicatos, registrándose numerosas detenciones. «Por la libertad sindical» fue el lema de la convocatoria que fue prohibida por las autoridades gubernativas. Un líder sindical reconocía que «nos han dado más palos que cuando no estábamos todavía legalizados». Al año siguiente, los trabajadores pudieron ya celebrar su fiesta con total libertad. En 1978 el lema fue «La lucha sindical continúa».

«Somos lo que fuimos»

La legalización de los sindicatos democráticos y de clase y la práctica desaparición del sindicalismo vertical activado por la dictadura marcan la singularidad de aquel momento histórico y la trascendencia de una lucha que, con frecuencia, se desvirtúa o banaliza en la actualidad. «La creación, desarrollo y consolidación del movimiento sindical confederal fue un factor decisivo para el avance de la transición democrática. La situación exigía inteligencia y firmeza para cumplir nuestros objetivos. Se trataba de hacer real nuestra legalización, pero también garantizar una democracia plena, sin exclusiones», subrayan CC.OO. y UGT.

El secretario general de CC.OO., Fernández Toxo, ha manifestado que «hoy somos el primer sindicato del país porque hubo hombres y mujeres que sacrificaron buena parte de su vida en condiciones extremadamente duras y arriesgadas para defender los derechos de las trabajadoras y trabajadoras. Por eso, puedo afirmar con orgullo que somos lo que fuimos, y que cuarenta años después este sindicato es una herramienta imprescindible para lograr que el trabajo siga siendo el principal factor de cohesión social».

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