Las ventajas e inconvenientes de firmar un aval hipotecario
Un aval hipotecario es una opción rentable ante la falta de solvencia, pero también tiene inconvenientes
A la hora de contratar una hipoteca, un hecho que cada día se antoja más difícil, la posibilidad de contar con un aval puede abrir la puerta a una hipoteca cuando los ahorros o la solvencia del solicitante no son suficientes para convencer al banco.
A grandes rasgos, un aval hipotecario es el compromiso de una tercera persona de pagar la hipoteca si el titular deja de hacerlo. El banco lo utiliza como una garantía adicional cuando considera que existe un riesgo de impago superior al habitual.
En la práctica, el avalista suele responder con todo su patrimonio presente y futuro. Esto incluye sus ahorros, su nómina o sus bienes, en un hecho que se conoce como aval solidario. Es una práctica cada vez más común, pero, ¿es siempre rentable? Miquel Riera, experto en finanzas de HelpMyCash, analiza todos sus pros y sus contras.
La decisión del banco, el punto de partida
El primer aspecto a tener en cuenta es cuándo puede el banco pedir un aval. Algo que suele ocurrir cuando el cliente necesita una financiación elevada. Por ejemplo, si se solicita una hipoteca por encima del 80% del valor de la vivienda, especialmente del 90% o el 100%, es frecuente que la entidad exija un aval o garantías adicionales.
También puede ocurrir cuando los ingresos son bajos o inestables. Un contrato temporal, llevar poco tiempo en el empleo actual o contar con ingresos variables pueden aumentar el riesgo que percibe el banco.
No son los únicos casos, pues los trabajadores autónomos también pueden encontrarse con esta situación. No por ser autónomos en sí mismos, sino por la posible variabilidad de sus ingresos. En estos casos, contar con un avalista puede reducir el riesgo que aprecia la entidad.
Por el contrario, cuando el solicitante presenta una buena situación financiera y dispone de ahorros, es muy improbable que el banco necesite el respaldo de una tercera persona.
Ventajas y desventajas de pedir un aval
Conocida esta base, entre las principales ventajas de recurrir a un aval está la posibilidad de aumentar las probabilidades de conseguir la hipoteca. Si al comprador le faltan ahorros, estabilidad o historial, esta garantía puede marcar la diferencia entre que la entidad apruebe o rechace la operación.
También permite acceder a una financiación más elevada. Con un aval, el préstamo puede llegar incluso al 100% del valor de la vivienda, frente al 80% que resulta más habitual. Además, al reducir el riesgo para el banco, el aval puede facilitar la negociación de mejores condiciones. Entre ellas, un interés más bajo o menos comisiones.
Sin embargo, no todo es positivo, pues estas ventajas tienen una contrapartida. La principal es el riesgo patrimonial para el avalista: si el titular deja de pagar, la persona que le respalda puede responder con su dinero, su nómina y sus bienes.
El aval también queda reflejado en la CIRBE, lo cual puede limitar la capacidad de endeudamiento del avalista cuando quiera solicitar posteriormente un préstamo o una hipoteca.
¿Cuándo compensa realmente acudir a un aval?
El impacto tampoco se limita al ámbito financiero. Si aparecen impagos, la situación puede convertirse en un conflicto personal o familiar serio. Además, eliminar el aval posteriormente no depende únicamente del titular de la hipoteca. Es necesario pactarlo con el banco y puede conllevar gastos.
Por ello, si el comprador puede conseguir la hipoteca por sus propios medios, la recomendación del experto es no recurrir al aval para evitar poner en riesgo el patrimonio de otra persona.
Hay situaciones, sin embargo, en las que puede ser razonable planteárselo. Una de ellas es necesitar una hipoteca del 90% o más y no disponer de una alternativa realista a corto plazo. También puede tener sentido si existe la posibilidad de negociar un aval parcial o temporal. La última opción en este sentido, es contar con un plan claro para sustituirlo o eliminarlo más adelante.
En cambio, no resulta conveniente cuando el comprador puede conseguir la financiación sin aval, incluso recurriendo a otra entidad. Tampoco cuando no se quiere asumir el riesgo de poner en juego el patrimonio de la persona que presta la garantía.
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