Las compañías no tienen por qué salir de los mercados estadounidenses para esquivar el sistema fiscal norteamericano. Lo que de verdad esperan los votantes y los políticos es que esas compañías utilicen su dinero para construir fábricas y contratar a más trabajadores. Pero los impuestos que gravan los capitales en el extranjero parecen suponer un freno para ese tipo de inversión.