¿Hasta dónde caerán las acciones de las FAANG?

Como muchas otras cosas, el desplome de las acciones de las tecnológicas del mes pasado se entiende mejor con un[…]

Como muchas otras cosas, el desplome de las acciones de las tecnológicas del mes pasado se entiende mejor con un pasaje de la película Caddyshack. En una escena a mitad de película, la piscina del club de golf se llena de gente chapoteando y pasando un buen rato, hasta que una chica lanza al agua un carrito de chocolatinas marca Baby Ruth y cunde el pánico. La estampida de bañistas pasa por alto las chocolatinas, y busca otra cosa. 

Los inversores llevan años lanzándose a la piscina de las tecnológicas, provocando una subida constante del nivel del agua en Facebook, Apple, Amazon.com, Netflix, Google, y sus homólogas chinas, así como de los fabricantes de chips informáticos y otro tipo de hardware que sirve de base para la economía de internet. Las compañías tecnológicas lideran las listas de principales valores en las carteras de los fondos de cobertura y de pensiones. Los contratos de futuros del índice NYSE FANG permiten incluso a pesos pesados apostar exclusivamente por las principales compañías de valor constante de Silicon Valley. 

Esta apuesta hoy no parece tan acertada como hace un mes, cuando el índice Nasdaq 100 aún no había perdido cerca de 1 billón de dólares de su valor. Nadie está seguro aún de que la estampida de los mercados fuera una reacción exagerada. Pero al contrario que en episodios similares anteriores, esta huida en masa denota problemas que no se pueden olvidar aunque aparezcan uno o dos trimestres buenos. 

Por un lado están las subidas de los tipos de interés, que conllevan un aumento de los costes de crédito de las compañías y disparan el interés por los bonos en comparación con las acciones. 

Por otro lado está la guerra comercial fomentada por Trump, que amenaza con redefinir las cadenas de suministro globales y lleva a los inversores a replantearse las aspiraciones exteriores de las compañías. La baja tasa de paro también ha provocado un aumento de la presión sobre el mercado laboral, como ejemplifica el aumento del salario mínimo por parte de Amazon.com Inc. Y en cada debate sobre el papel de los medios sociales en intromisiones electorales o fomentando el odio, siempre queda cierta sensación de que las Facebook y Google de todo el mundo van a tener que jugar un papel mayor y mucho más caro a la hora de ayudar a controlar sus servicios de ahora en adelante.

Los resultados como protagonistas

A todo ello se añade que los inversores reconocen los batacazos que algunas de las principales compañías tecnológicas han anunciado en esta temporada de publicaciones de resultados y que podrían presagiar una realidad a largo plazo. El crecimiento ajustado de los beneficios de Facebook podría ralentizarse desde el 20 por ciento en 2018 hasta el 5 por ciento en 2019, según datos obtenidos por Bloomberg; los de Alphabet Inc., la matriz de Google, desde el 19 hasta el 6 por ciento y los de Amazon, desde el 173 hasta el 32 por ciento. Desde Amazon han declinado realizar declaraciones a este respecto y el resto de compañías no se han pronunciado. 

«Estas acciones llevan demasiado tiempo acaparando inversores, y las subidas de los tipos han sido suficientes para descorchar estas acciones y desencadenar las ventas», afirma Dan Veru, director de inversiones de la compañía de inversión Palisade Capital Management. «Con Facebook, existen dudas importantes en relación con su modelo de negocio. Con Amazon, si bien es cierto que el crecimiento en términos generales ha sido impresionante, no es el crecimiento al que ya se había acostumbrado la gente». 

Los nervios no se limitan a Silicon Valley. Las tecnológicas chinas, medidas por el fondo cotizado Invesco China Technology, han caído un 35 por ciento desde el mes de enero, ante la preocupación de que el crecimiento haya tocado techo para Tencent, Alibaba y Baidu. Y el fabricante global de chips sufrió una oleada de rebajas de las calificaciones en octubre por parte de los analistas, justificadas en el aumento de la competencia y la reducción de la demanda. 

La reciente volatilidad no parece haber desanimado a las compañías a la hora de salir a bolsa. La razón podría ser que, pese a ciertos desplomes de precios de acciones de compañías como Sonos Inc. y Spotify Technology SA, las 46 compañías del sector de la tecnología y las comunicaciones que han salido a bolsa en EE.UU. en lo que va de año, han experimentado un aumento de su valor de mercado de un 20 por ciento, a la vista de los ingresos ponderados por el volumen de oferta inicial. 

2019: Récord de OPVs

Las 46 compañías han captado 16.000 millones de dólares en las ofertas iniciales, superando así ampliamente ya las 40 operaciones en las que se vendieron acciones por valor de 13.000 millones de dólares el año pasado. 

El año que viene podría ser el más fuerte en lo que se refiere a operaciones de oferta pública inicial, con Uber, Airbnb, SpaceX y WeWork liderando toda una manada de unicornios que se dirige a Wall Street. Las operaciones de salida a bolsa en EE.UU. alcanzarán los 80.000 millones de dólares en 2019, el doble del valor medio de los últimos 30 años, según estimaciones de Goldman Sachs Group.

Todo un aluvión de nuevas acciones que podrían compensar la reducción de la oferta por las recompras por parte de las compañías que han contribuido a reforzar todo el mercado. En última instancia, habrá más opciones cuando llegue la hora de apostar por las compañías tecnológicas, afirma Neil Kell, responsable de mercados de capital de renta variable de tecnológicas a nivel global en Bank of America. «Los compradores se centran cada vez más en el crecimiento», afirma Kell, y añade que los inversores están empezando a hacer preguntas sobre el potencial de las compañías y cada vez necesitan tener más razones para convencerse. 

Por supuesto, no hay ningún factor que sugiera que los consumidores vayan a dejar de lado su smartphone de un día para otro, y las compañías que se han hecho con el control de internet tampoco van a desaparecer. Pero aunque ya hubiera pasado lo peor para sus acciones, existen muchas razones para impedirles marcar máximos a corto plazo. El agua de la piscina no tiene buena pinta.

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