China: Comienza la guerra contra Xi Jinping
Las voces en su contra se alzan incluso en el Partido Comunista, pero el mandatario responde con un puño de hierro en forma de detenciones.
Los residentes de un barrio obrero ubicado en el centro de Shanghái todavía no dan crédito a sus ojos. Un edificio de dos plantas apareció a finales de la semana pasada cubierto en su totalidad por fotografías del presidente chino Xi Jinping. Pero no pretendía ser una muestra de afecto hacia el mandatario, sino un escudo contra las excavadoras que tenían que demoler la estructura, considerada ilegal a pesar de haber sido levantada hace años. Desafortunadamente para el propietario, aunque en un principio logró su objetivo y el caleidoscópico rostro de Xi detuvo el derribo, la Policía municipal ha retirado esta semana los pósteres y parece que la casa sigue teniendo los días contados.
No obstante, como señaló Chen Daoyin, académico de política y derecho de la Universidad de Shanghái, esta desesperada estrategia es un buen reflejo del poder que acumula Xi. Según Chen, el propietario del edificio «ha tratado de jugar con el miedo que provoca un símbolo todopoderoso». Y, como señaló en declaraciones al diario 'South China Morning Post', el uso de las fotografías del presidente es equiparable al de quienes cuelgan la imagen de alguna deidad para espantar a los espíritus malignos. «La ley ha sido sustituida por un hombre», sentenció.
No es el único que piensa así. De hecho, el poder que acumula Xi, quien ha dirigido desde que accedió al cargo en 2013 la mayor campaña contra la corrupción del país, se compara a menudo con el que detentó el propio Mao Zedong. Y el culto a su personalidad sigue los mismos pasos. Pero todo apunta a que Xi va a encontrar más resistencia que la del fundador de la República Popular, porque las voces críticas ya han comenzado a escucharse. Incluso en el seno del Partido Comunista.
De hecho, el mes pasado se produjo un extraño episodio que así lo demuestra: un grupo que se autodenominó como «leales miembros del partido» pidió la dimisión de Xi en una explosiva carta publicada brevemente por el portal de noticias oficial Wujie News. «Escribimos para pedir que dimita de todos los cargos que ocupa en el partido y a nivel estatal», se puede leer todavía en una versión 'caché' guardada en internet. Aunque la original fue retirada rápidamente, el mensaje se ha oído alto y claro: los firmantes critican «el acopio de poder» del presidente y el aumento de las restricciones a la libertad de expresión.
Aunque veinte de estos firmantes, así como personal del equipo informático de Wujie News, ya han sido detenidos, es evidente que no son los únicos. Ni mucho menos. Es más, en las últimas semanas se han multiplicado las muestras de descontento con el régimen, muy poco habituales en el ámbito público. «Se está intentando constantemente provocar una regresión al pasado, utilizando tácticas similares a las de Mao durante la Revolución Cultural para arremeter contra intelectuales y rivales políticos», afirmó a la BBC el profesor de derecho de la Universidad de Pekín Zhang Qianfang.
«Apellido Partido»
Conscientes de la amenaza que eso supone, algunos han comenzado a sacudirse el miedo y a criticar abiertamente esta estrategia. El último de ellos ha sido, esta semana, el editor del reputado diario 'Southern Metropolis Daily', Yu Shaolei, que ha dimitido porque asegura que ya no puede vivir arrodillado. El martes publicó en Weibo, el Twitter chino, una fotografía de su formulario de dimisión, en el que adujo que la razón es ser «incapaz de llevar vuestro apellido». Aunque para muchos eso puede parecer un jeroglífico, el mensaje cobra significado si se tiene en cuenta que Xi visitó hace unas semanas los medios de comunicación oficiales para pedir a todos los periodistas que se «apelliden Partido». En definitiva, que estén supeditados a su pode
«Existe en China una grave regresión en el respeto a las libertades individuales», comenta un abogado de activistas que prefiere mantenerse en el anonimato. «Y el problema es que con el auge económico y militar del país, la presión que ejerce el mundo es cada vez menor. Un buen ejemplo es que haya un premio Nobel de la Paz encarcelado y no se apruebe ningún tipo de sanción contra China. Pekín es consciente de ello y Xi Jinping ha aumentado considerablemente la represión contra cualquiera que se muestre contrario a su dictadura. Pero no va a poder callar a todos».