Exxon redobla su apuesta por el petróleo

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A finales del siglo XIX, inventores como Thomas Edison crearon los sistemas de iluminación por electricidad que acabaron con la demanda de queroseno; por aquel entonces, el principal derivado del petróleo. El magnate del petróleo John D. Rockefeller, antecesor de Exxon Mobil Corp., observó impasible la caída del precio, para ir absorbiendo a su competencia. 

«Tenemos que intentar no perder la calma cuando el mercado toca fondo, como les pasa a algunos casi siempre», ordenó el fundador de Standard Oil a su junta directiva en 1884. «Si no compramos, estaremos cometiendo un error».  Más de 130 años después, con el crecimiento de las renovables y la amenaza del vehículo eléctrico, la estrategia de Exxon, el principal sucesor de Standard Oil, básicamente es la misma: redoblar la apuesta al petróleo.

En una comparecencia en su segunda junta anual de Exxon como CEO a finales de mayo, Darren Woods recurrió a la historia del queroseno como ejemplo de adaptación de la compañía a lo largo del tiempo. «Las necesidades de la sociedad evolucionan, y nosotros nos adaptamos». Pero en una entrevista, Woods afirma que los fondos que invierta la compañía seguirán el mismo mantra de Rockefeller de: apuesta a lo que conoces. 

En pleno recorte de gastos de Big Oil, en parte por la incertidumbre sobre el futuro de los mercados energéticos, Exxon prevé incrementar el gasto cada año hasta 2025. Quiere invertir un total de más de 200.000 millones de dólares, casi todo en megaproyectos de petróleo y gas por todo el mundo, desde Brasil hasta Papúa Nueva Guinea. La compañía no tiene previsto seguir los pasos de su competencia a nivel global, como Royal Dutch Shell, Total y BP, en el mundo de la energía eólica, solar y el almacenaje de baterías. «Lo importante es buscar los barriles en situación de ventaja, los más rentables, los barriles que nos gustaría tener, independientemente de la fase del ciclo del precio», afirma Woods.

La demanda continuará

Bajo el punto de vista del CEO de Exxon, el consumo energético mundial está creciendo a tal ritmo que incluso en el improbable escenario de que todos los coches fueran eléctricos en 2040, la demanda de petróleo sería la misma que en 2013. Así que, invertir cuando otros se retiran, tiene su recompensa.

Por supuesto, existe el riesgo de que Exxon se quede atrapada en el lado equivocado, produciendo combustibles fósiles que los consumidores ya no necesitan, que los gobiernos ya no quieren y que son la principal causa del cambio climático. Esas perspectivas han llevado a muchos inversores a mostrarse cautos. «Si echamos la vista atrás, veremos que ha habido muchos sectores que han desaparecido devorados por los cambios», afirma Brian Rice, gestor de carteras en el plan de pensiones de Profesores del Estado de California, que gestiona un paquete de 225.000 millones de dólares, incluyendo acciones de Exxon. «No imagino que el petróleo y el gas vayan a desaparecer, pero sí que evolucionen».

Ninguno de los grandes detalla su gasto en energías renovables, pero las diferencias en sus posiciones estratégicas son notables. Royal Dutch Shell Plc se ha comprometido a invertir en proyectos eólicos en los Países Bajos. Prevé ofrecer centros de carga de vehículos eléctricos y de hidrógeno y suministrar energía a clientes minoristas en Reino Unido. BP Plc está invirtiendo en energía solar, y Total SA en fabricación de baterías. La compañía petrolera estatal de Noruega ha pasado recientemente a denominarse Equinor ASA, en lugar de Statoil, para dejar clara su postura en lo que se refiere al futuro del petróleo. 

Exxon carece de experiencia en el mundo de las renovables, afirma Woods, así que a pesar de que ocupa un papel importante en la combinación energética mundial, no va a invertir en ellas. Sus esfuerzos en este sector se centran principalmente en desarrollar tecnología patentada de forma interna, incluyendo combustibles basados en algas, que podrían emplearse en vehículos de gran tonelaje. 

«La sociedad tiene aspiraciones en relación con el crecimiento económico, una energía asequible y fiable y la protección del medio ambiente», declaró Woods en la junta anual. «Creemos que nuestro papel consiste en ayudar a reducir la brecha entre lo que quiere la gente y lo que se puede hacer de forma responsable.

Acciones a la baja

Un aumento del gasto en proyectos tradicionales a largo plazo no es lo que quieren ahora los inversores, como se deduce de los resultados de la acción de Exxon en bolsa. Las acciones han caído un 2 por ciento en los últimos tres años, pese al aumento del precio del crudo de un 19 por ciento. Y ahora la compañía está a punto de perder su posición como la mayor petrolera en bolsa del mundo; algo impensable en su día. Su ventaja de valor de mercado sobre Shell se ha reducido hasta cerca de 55.000 millones de dólares, desde los 128.000 de hace un año.

«El mercado quiere disciplina en el gasto y retorno del flujo de efectivo y, efectivamente, Exxon está fuera de juego», afirma Mark Stoeckle, gestor de una cartera de 2.400 millones de dólares, que incluye acciones de Exxon en el Fondo Adams, de Boston. «Exxon está gastando más que el resto de compañías de Big Oil». 

El gasto de capital de Exxon aumentará cerca del 40 por ciento a principios de 2020, hasta cerca de 33.000 millones de dólares al año. Por el contrario, el gasto de Shell se mantiene en cerca de 27.000 millones de dólares anuales, mientras que Chevron se sitúa a la cola con cerca de 20.000 millones. Shell y Chevron han demostrado su intención de devolver dinero a sus inversores a través de recompras de acciones. Woods afirma que Exxon solo hará lo propio si queda suficiente liquidez tras su inversión en nueva producción de petróleo y gas. 

Su plan nace en parte de una necesidad, porque las grandes inversiones en Canadá, Rusia y EE.UU. en la última década han avanzado a trompicones. Exxon gastó 35.000 millones de dólares en el productor de gas estadounidense XTO Energy Inc. en 2010, cuando los precios marcaban máximos y ha invertido 16.000 millones en el proyecto petrolero canadiense Canada's Kearl desde 2009, para amortizar apenas las reservas de petróleo. 

El acuerdo de prospección que la compañía firmó con Rusia en 2013 debía tomar el relevo, pero quedó sepultado por una montaña de sanciones y se acabó abandonando. La consecuencia fue que la producción de Exxon ha caído en cinco de los últimos seis años.

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