La nómina de Susana

Uno de los achaques más evidentes de nuestra política es que muchos de los mejores huyen de ella. Personas de[…]

Uno de los achaques más evidentes de nuestra política es que muchos de los mejores huyen de ella. Personas de peso, que pueden acreditar una trayectoria profesional duradera y de éxito, no quieren saber nada de los partidos ni de la cosa pública. De una generación que quería servir al país a través de la política hemos pasado a otra que aspira a servirse de la política para vivir de ella. El perfil más repetido hoy entre nuestra clase dirigente es el que sigue: un chaval o una chica con inquietudes políticas se afilia temprano a las juventudes de un partido, a veces sin siquiera acabar su carrera; muy pronto, en la primera veintena, se convierten en concejales con sueldo; si son espabilados saltan al Parlamento autonómico, o a una consejería regional, y de allí al Congreso. Con un poco de suerte, esas personas pueden acabar dirigiendo un partido antes de los 45, u ocupando un ministerio, o una secretaría de Estado. Todo sin haber dado palo al agua en una empresa privada, en la economía real.

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