El populismo llega a las altas finanzas
Milind Mehere tiene muchas copias de Hillbilly, una elegía rural, el best-seller de memorias sobre la pobreza en el Rust[…]
Milind Mehere tiene muchas copias de Hillbilly, una elegía rural, el best-seller de memorias sobre la pobreza en el Rust Bell de J. D. Vance, a mano para las visitas en su oficina del Midtown de Manhattan. Mehere habla sobre la forma en la que a la gente de a pie se le niegan las oportunidades para crear un patrimonio. «Si no cambiamos de forma sustancial nuestra forma de ahorrar, invertir y de hacer dinero básicamente como sociedad, en 20 o 30 años cundirá la anarquía», afirma.
¿Cuál es el mensaje implícito? Que YieldStreet Inc., su compañía de inversión online, puede ayudar a democratizar las altas finanzas. Está comercializando inversiones alternativas que normalmente están reservadas a multimillonarios y fondos de cobertura. Por el momento, su startup de crowdfunding está al alcance de los particulares denominados inversores acreditados; es decir, que cuentan con un patrimonio de 1 millón de dólares netos o con unos ingresos de al menos 200.000 dólares al año. Un médico o dentista de éxito de New Jersey, por ejemplo.
YieldStreet, fundada en 2015 por Mehere y otros dos emprendedores de Wall Street, ha permitido a los inversores colocar más de 500 millones de dólares en valores de deuda exótica. Más de 80.000 personas se han dado de alta para recibir su boletín de noticias. Desde que comenzó su actividad, las inversiones cuentan con una tasa de retorno interna esperada de casi el 13 por ciento y hasta la fecha no han experimentado pérdidas significativas. En el mismo periodo, el S&P 500 ha subido un 9,3 por ciento anualizado. Son muchos los inversores particulares que quieren sacarle todo el jugo a sus ahorros, por lo que las ofertas de YieldStreet desaparecen en cuestión de segundos.
Extender el negocio
Mehere tiene grandes planes para hacer llegar este mismo tipo de inversiones a un público más amplio, si se lo permite el regulador, y no faltan las señales que apuntan a que así será. El presidente de la Comisión de Valores y Bolsa de EE. UU. Jay Clayton afirmó el pasado mes de agosto que se estaba planteando flexibilizar la norma sobre inversores acreditados. Mehere afirma que el equipo jurídico de YieldStreet está trabajando en la estructura de un fondo en el que puedan participar inversores no acreditados.
Esto es algo que pone a mucha gente nerviosa, porque lo que comercializa YieldStreet es un producto poco habitual. Muchas de sus ofertas incluyen activos financieros litigiosos en los que los inversores anticipan fondos a despachos de abogados o demandantes a la espera de que se dicten sentencias jugosas. Últimamente, la compañía se ha pasado a las finanzas en el sector marítimo, permitiendo a los inversores participar en créditos para buques de carga que transportan mercancías secas a granel como carbón o cereal. También pueden lanzarse a acuerdos de compra y venta de buques como chatarra. Todas las ofertas están cubiertas con una garantía, pero en ocasiones la garantía es la obligación contractual de la parte litigante de devolver el importe al inversor (cuando se dicte la sentencia) o el valor como chatarra del buque.
El peligro de perder toda la inversión
¿Cuántos inversores particulares están preparados para navegar por estas aguas? Incluso muchos inversores acreditados no estarían dispuestos a poder perder toda la inversión, como avisa YieldStreet de que podría suceder. Puesto que el valor total de los criterios de patrimonio neto y beneficios anuales nunca se ha ajustado a la inflación desde su implantación en 1982, una porción considerable del país (más de 12 millones de hogares) está cualificada para acceder a los valores de YieldStreet. «El porcentaje de inversores acreditados para los que resultan apropiados es muy pequeño», afirma Barbara Roper, directora de protección de los inversores acreditados en la Federación de Consumidores de EE. UU. «Les gusta que suene populista», afirma, «pero esto no encaja en absoluto con la cartera del típico inversor minorista».
En 2013, Shields y Weisz fundaron Soli Capital, una compañía de finanzas especializadas que ha creado valores para YieldStreet vinculados a cualquier cosa, desde líneas de crédito a despachos de abogados hasta compañías de alquiler de vehículos con conductor. Weisz trabajó como analista desde 2009 hasta 2013 en un departamento de Centurion Credit Management, un fondo de cobertura que en 2011 entró a formar parte de Platinum Partners. El fiscal federal solicitó la acusación a seis altos cargos de Platinum por fraude a los inversores desde 2011. (Uno de ellos ha fallecido; el resto fueron declarados no culpables). Weisz afirma que la unidad de crédito en la que trabajaba no tuvo ninguna relación con aquellas acusaciones; él no fue acusado de ningún delito ni fue investigado. La web de YieldStreet permite a los inversores filtrar las ofertas e invertir incluso cantidades más modestas; a veces incluso importes de 5.000 dólares.
YieldStreet utiliza estructuras complejas que a menudo incluyen la constitución de una sociedad limitada titular de un vehículo para fines especiales para adquirir un crédito. Dicha sociedad limitada emite «bonos dependientes de pago al prestatario» a favor de los inversores que firman el contrato. Una dosis oportuna de vacío legal, por cortesía de la ley Jumpstart Our Business Startups (JOBS) flexibilizó las limitaciones para la publicidad y las actividades de crowdfunding y la cosa cuajó.
Ofertas «únicas»
Los clientes no se muestran muy preocupados por el control de las pérdidas. «Lo que me gusta de YieldStreet son sus ofertas prácticamente únicas», afirma Peter Renton, cofundador de LendIt Fintech, una compañía de comunicación que ofrece sus servicios al sector del crédito online, el nicho en el que opera YieldStreet. El año pasado invirtió 35.000 dólares en una oferta de financiación de un litigio y ahora está recibiendo unos intereses jugosos. «No se puede invertir en algo así en ningún otro sitio», afirma.
Y podríamos estar quedándonos cortos. Una oferta de 25 millones de dólares en junio ofreció a los inversores la oportunidad de participar en un crédito de una sociedad anónima de capital privado en manos de una familia de Dubái y registrada en la Isla Nieves. La compañía compra buques viejos y los vende como chatarra. Estas operaciones tienen elementos atractivos, como el tipo de interés objetivo del 10,25 por ciento después de impuestos.
La oferta no revela el perfil de los prestatarios, sin embargo, la compañía y las garantías personales de sus directivos respaldan el crédito. Así es como funciona: los 25 millones de dólares se prestan a un prestatario anónimo identificado solamente como «uno de los compradores principales de material pesado para reciclaje a nivel mundial» y en manos de una familia con más de 40 años de experiencia en el sector de la chatarra. La compañía ateniense Global Marine Transport Capital, filial de la compañía neoyorkina de inversión Four Wood Capital Partners LLC crea la operación y actúa como facilitadora del crédito.
En los dos años de plazo, el «chatarrero» utilizará los fondos para comprar buques dados de baja y YieldStreet limitará el importe que se puede aprovechar para cada buque. Los buques se venden a «desguazadores», astilleros de desmontaje a menudo situados en India. Los inversores reciben ocho pagos trimestrales de intereses y, dos años después, el reembolso del importe principal. ¿Qué podría salir mal? Las «condiciones económicas globales» o un exceso de la oferta de buques nuevos podrían hundir el valor de los viejos, según las declaraciones de potenciales inversores. Los precios del acero podrían caer.
Ian Sigalow, cofundador y socio de la compañía de capital riesgo Greycroft LLC, que invirtió en YieldStreet, afirma que le gusta su misión de democratizar el mercado de deuda, que es 100 veces mayor que el de la bolsa, pero está muy limitado a inversores institucionales. «Es un concepto revolucionario», afirma.