Repsol y CaixaBank consuman el divorcio: ¿cómo afecta al minorista?

La nueva era que viven los bancos y la necesidad de preservar contra viento y marea los niveles de capital[…]

La nueva era que viven los bancos y la necesidad de preservar contra viento y marea los niveles de capital ha terminado con uno de los matrimonios históricos de la bolsa española, el de CaixaBank y Repsol, que llevaba en pie desde 1996. Con la venta del 9,36 por ciento que tiene en la petrolera, el banco catalán acelera el fin de la etapa de las grandes participadas industriales, a expensas de lo que suceda con Naturgy (donde CriteriaCaixa tiene el 24,4 por ciento), Cellnex (con el 6,02 por ciento) y Telefónica (con el 1 por ciento). El mercado acogió la noticia con desconfianza y con caídas superiores al 2 por ciento para CaixaBank y Repsol, aunque la operación es completamente estratégica y los inversores la esperaban. Además, los analistas consultados tienen claro que, más allá de la reacción bajista del primer día fruto del ruido, hay muchas más luces que sombras para ambas compañías y no existen motivos de alarma para los minoritarios. 

La venta de la participación, que tiene un valor de mercado de 2.500 millones de euros, se hará en dos etapas, la primera, mediante la liquidación anticipada de dos contratos de permuta (que representan el 4,61 por ciento), y la segunda, a través de un programa de ventas para el restante 4,75 por ciento, limitadas diariamente al 15 por ciento del volumen negociado en esa jornada, y que debe estar completada antes de marzo del año que viene. Esta operación, para CaixaBank, no resultará transparente, pues tendrá que asumir una pérdida extraordinaria neta de 450 millones de euros en las cuentas del tercer trimestre, aunque el banco calcula que habrá un impacto neutral en la ratio de capital 'Common Equity Tier 1 (CET1) 'fully loaded', indicador clave de su fortaleza financiera. Es decir, como dice Daragh Quinn, analista de Keefe Bruyette & Woods, aunque la venta «es una buena decisión estratégica, lamentablemente el impacto en las ganancias será negativo». Quinn, que ha reducido el precio objetivo para la acción del banco hasta 4,4 euros desde 4,9 euros, tiene claro que a CaixaBank «le resultará más difícil tener un mejor desempeño mientras no mejoren las perspectivas de las tasas de interés europeas». 

En la parte positiva para CaixaBank, Nicolás López, analista de M&G Valores, apunta que «es una operación lógica y natural que supone dejar atrás la época de las participaciones industriales», además de que para el banco «supone liberar recursos» para emplearlos en su negocio, como aumentar la concesión de créditos o incrementar las inversiones. Carlos Farrás, socio director de DPM Finanzas, recuerda que todo el sector bancario «cotiza a múltiplos atractivos», aunque coincide con Quinn al señalar que «el catalizador a futuro vendrá marcado principalmente por las subidas de tipos en Europa y el anuncio esperado en noviembre de su plan estratégico». Igualmente, Nuria Álvarez, analista de Renta 4 Banco, recalca que con esta operación, «mejora mucho el perfil de riesgo de CaixaBank y apunta que, a medio y largo plazo, la venta debería ser positiva porque al final «se consumen menos recursos». Y no es menos importante, como recuerda Farrás, que la venta le soluciona al banco catalán «el problema de participar a la vez en Repsol y Naturgy», ya que parece que Repsol quiere empezar a entrar en el mercado eléctrico, lo que podría generar conflictos. 

¿Más presión en Repsol?

En el caso de Repsol, con la cotización rondando los máximos anuales, el riesgo más evidente es que exista mayor presión vendedora como consecuencia de la colocación de los títulos en mercado, aunque no sería algo alarmante. «Tal y como se ha estructurado la operación, sí puede haber cierto efecto de salida de papel en el corto plazo, lo que pasa es que este efecto de presión bajista se debe compensar totalmente con el positivo efecto de la cotización del petróleo», apunta Víctor Peiro, analista de GVC Gaesco Beka. 

En este sentido, añade Álvaro Navarro, analista de Mirabaud Securities en España, «el plan de recompra de acciones de Repsol servirá para compensar la venta pendiente de Caixa (4,75 por ciento) por lo que no considero que deba haber presión excesiva». Quizás si pueda haber algo más de volatilidad el día en que se empiecen a colocar los títulos, pero el accionista «no debe alarmarse más allá de los problemas puntuales de liquidez que se den si hay, por ejemplo, una colocación acelerada», dice Nicolás López, pues, en su opinión, «la operación no cambia para nada las expectativas de rentabilidad de Repsol a medio plazo». Es más, Sara Carbonell, analista de CMC Markets, opina que la operación «no supondrá pérdida de valor» en Repsol, por dos motivos: la elevada compra de autocartera que ha llevado a cabo Repsol este año (aprobada en Junta en mayo) y los precios del crudo, que están siendo protagonistas e impulsando el precio de la acción a máximos desde 2014. «Esto está primando sobre la operación corporativa», recuerda la experta de CMC Markets. 

También es muy importante que los fundamentales que han propiciado la recuperación de la petrolera siguen intactos. Tiene «potencial de revalorización gracias a su modelo de negocio» (integración de Upstream y Downstream), añade Navarro, en un escenario de precios del petróleo por encima de 50 dólares por barril, que es «el precio que necesita para cumplir con su plan estratégico», dice Peiro, en una coyuntura favorable de márgenes de refino. Además, remacha Navarro, las perspectivas de generación de caja a medio plazo (hasta 2020) otorgan un fuerte respaldo a su capacidad para pagar los dividendos comprometidos (8 por ciento anual).

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