Los diamantes no son los mejores amigos de los bancos

Standard Chartered pensaba que sería una gran idea expandir su departamento de créditos garantizados con joyas. Ahora lo quiere dejar.

Sandard Chartered Plc se lanzó al arriesgado mundo de los préstamos con diamantes hace ya más de ocho años, con la celebración de un cóctel en sus oficinas de Londres. Al evento asistió Maurice Tempelsman, pareja durante mucho tiempo de la fallecida Jackie Onassis y presidente de una de las principales compañías estadounidenses del sector de los diamantes. 

Otro asistente fue el comerciante de diamantes Dilip Mehta, nombrado barón por el rey de Inglaterra, y otras celebridades del sector de la intermediación especializados en comprar diamantes en bruto, pulirlos y venderlos a joyeros y minoristas. Entre los invitados se encontraba Kishore Lall, recientemente contratado para dirigir el departamento del banco dedicado a emitir créditos garantizados con diamantes. La fiesta sirvió para anunciar que Standard Chartered tenía dinero para prestar. 

Entre los asistentes, muchos de ellos, comerciantes de diamantes o «diamanteros», había potenciales clientes.
Los costes de esta desafortunada aventura aún se están calculando. Desde el año 2013, el banco ha acumulado prácticamente 400 millones de dólares en pérdidas efectivas y probables en una cartera de créditos que llegó a alcanzar en su momento los 3.000 millones, según un responsable del banco familiarizado con este asunto. El director ejecutivo Bill Winters, que asumió la dirección de la entidad hace dos años, aún está intentando arreglar el desaguisado. 

Créditos a compañías mineras

Standard Chartered debía convertirse en la principal entidad del sector de los préstamos con diamantes, con créditos a compañías mineras, pero sobre todo, a talladores de diamantes, agentes y comerciantes con necesidades de financiación para adquirir las gemas. Esta historia también acabaría sirviendo de advertencia: un banco que se creyó el más listo de la clase, según las entrevistas realizadas a más de 20 personas, incluyendo directivos del propio banco. 

Algunas de estas personas afirman que el banco ignoró las advertencias sobre el riesgo de sus propios empleados. Todos ellos pidieron mantener el anonimato para no perjudicar su carrera. Si bien es cierto que los préstamos con diamantes no supusieron nunca más del 2 por ciento de los activos de Standard Chartered, formaban parte de un patrón más amplio de lo que Winters denominaba «laxitud» de la directiva anterior. 

Algunas de dichas prácticas supusieron pagos por parte del banco de cerca de un millón de euros para liquidar las sanciones en las investigaciones en EE.UU. por incumplimientos de la normativa sobre blanqueo de capitales, sanciones que no guardaban relación con los préstamos con diamantes. Pero el fraude siempre fue un peligro presente en un negocio en el que se mueven lotes de gemas de compañía en compañía y de país en país, como préstamo una y otra vez.

«El sector de los diamantes se ha ido envolviendo en un manto de confusión; quienes no estén familiarizados con él, es mejor que vayan con pies de plomo», afirma Charles Wyndham, antiguo director comercial en el gigante del sector minero De Beers Group of Cos. y fundador de WWW International Diamond Consultants Ltd. «Los paralelismos entre lo que está ocurriendo ahora en el sector del diamante y lo que ocurrió con la crisis de las subprime son dolorosamente obvios». 

Un portavoz de Standard Chartered ha rechazado realizar comentarios al respecto. Lall, que abandonó el banco en 2015, afirmó en un email remitido a Bloomberg que el fraude no era un problema generalizado en el mundo de los diamantes y que el banco contaba con una «cultura del riesgo independiente y sólida». Según escribió Lall, Standard Chartered «no era una organización en la se considerara prudente (ni siquiera posible) incumplir la política del banco e ignorar los riesgos».

Aquel cóctel se celebró en febrero de 2009, cinco meses después del estallido de la crisis financiera global, en la que otros bancos, incluyendo Bank of America, HSBC Holdings y JPMorgan Chase estaban huyendo de la financiación del sector del diamante. Los precios de los diamantes en bruto se derrumbaron y los efectos se hicieron notar en todo el sector; un sector que abarcaba minas en Botswana, agentes en Bélgica, pulidores en India y joyerías en EE.UU. Lall, antiguo director financiero de Gristedes, una cadena de supermercados de Nueva York, es el hijo de un antiguo diplomático indio y graduado por la Escuela de Negocios Sloan de MIT. 

Se reinventó a sí mismo en el sector de la financiación con diamantes en ABN Amro Bank NV, el principal prestamista del sector en el mundo. Este banco danés, acuciado por la crisis financiera, no estuvo a la altura de su competencia. Mike Rees, director de banca mayorista de Standard Chartered, llevaba tiempo buscando la forma de entrar en el mundo de los préstamos con diamantes y recurrió a Lall en el otoño de 2008. Rees le encargó la misión de imitar el modelo de negocio de ABN Amro, según ciertas personas familiarizadas con sus planes. Rees ha rechazado realizar comentarios sobre este artículo. 

En los cuatro años siguientes, Standard Chartered abrió sus carteras a los diamanteros, socavando la actividad de otros prestamistas y ofreciendo flexibilidad en unos contratos de crédito que no estaban al alcance de su competencia. Compañías como Eurostar Diamond Traders NV y Arjav Diamonds NV pidieron cientos de millones de dólares en créditos al banco.
Pero había una pega: los especialistas en riesgos, créditos y normativa, así como algunos miembros del propio equipo de Lall, lanzaron advertencias, según ciertas personas familiarizadas con las comunicaciones. 

El equipo de crédito contaba con una normativa estricta y tenía que comprobar que los compradores eran reales y fiables; que los diamantes se estaban enviando de verdad; que los pagarés, o cuentas por cobrar, se pagaban; que aquellos pagos cubrían los créditos; y que la cuota del crédito que ostentaba el banco con cualquier compañía no superaba el 25 por ciento. Como los créditos que solicitaban los agentes minoraban sus ventas, a estos les interesaba inflar los números, según ciertas personas familiarizadas con las prácticas del sector. Y al contrario de lo que ocurre con el oro o la plata, el valor de los diamantes no es fácil de establecer.

En su email, Lall afirmaba que su equipo trabajaba con los directores de riesgos del banco y los auditores externos para asegurarse de que todas las compañías que solicitaban créditos eran reales. «Simplemente no ocurría» que su equipo ignorara las advertencias. Según él mismo afirmaba, se limitaba a ofrecer los créditos y los especialistas en riesgos eran quienes debían aprobarlos.
A principios de 2014, los precios de los diamantes en bruto, que se habían recuperado de la crisis financiera, volvían a tambalearse. La demanda del consumidor se había estancado y los intermediarios sufrían para obtener beneficios. A la vez, el principal proveedor de las gemas en bruto, De Beers, que ya había vendido diamantes con descuentos a ciertos clientes, emprendió una política de precios más agresiva, socavando los márgenes de los intermediarios.

En mayo de 2013, el jefe de Lall, Sanjeev Paul, proyectó 20 gráficos en una pantalla en el Hotel Tident de Mumbai, donde celebraba su congreso anual el equipo del sector del diamante de Standard Chartered. En cada diapositiva se representaba la deuda de un cliente importante, según dos personas que asistieron a la reunión. Y en todas ellas se indicaba que el banco ostentaba más de la mitad de la deuda de la compañía. En dos casos, superaba el 70 por ciento. Paul, que ha rechazado realizar comentarios sobre este asunto, le pidió a su equipo que empezara a reducir aquello, según ciertas personas. Si tenían algún problema, debían consultarle a él.

Aquel verano, el sector del diamante de Standard Chartered presentó su primer impago importante. Winsome Diamonds & Jewellery Ltd., un fabricante de joyas de Surat, India, que llevaba solicitando créditos al banco desde mucho antes de que se incorporara Lall, no pudo devolver 1.000 millones de dólares en créditos. Cerca del 15 por ciento correspondían a Standard Chartered. Cuando las autoridades indias investigaron el caso, descubrieron que 700 millones de dólares de todos los créditos a Winsome Diamonds se habían diferido a 13 compañías con domicilio en Emiratos Árabes. El director de Winsome, Harshad Udani, afirma que la compañía está intentando recuperar lo que se le debe para saldar su deuda. 

Las pérdidas siguieron aumentando. Lall volvió a Nueva York y abandonó el banco en septiembre de 2015, cuando se disolvió el equipo. Afirmó que su partida fue consecuencia de una política de reducción de costes global y que su salida fue amistosa. Rees, que percibió 72 millones de dólares en un periodo de seis años según los registros de la compañía, y asumió el cargo de subdirector general en 2014, se marchó en 2016. 

Standard Chartered aún ostenta una deuda pendiente de cobro de 1.700 millones de dólares por créditos con diamantes pendientes, parte de los 100.000 millones de dólares en activos de riesgo que Winters había afirmado que quería reestructurar. Si bien es cierto que el banco lleva tiempo tratando de vender el resto de su deuda en libros, aún no ha encontrado compradores en los porcentajes de recuperación que quieren manejar. Entre tanto, los precios de los diamantes en bruto han caído más de un 20 por ciento en los tres últimos años. Bancos de India y Dubái empiezan a financiar a los talladores, pulidores e intermediarios, pero muchas compañías están sufriendo una crisis crediticia.

Arjav, una compañía de comercio de diamantes que debe dinero a Standard Chartered, está sufriendo. «Fueron muy agresivos; tenían muchas ganas de prestar dinero», afirma sobre el banco Ashit Mehta, presidente de Arjav. «Las condiciones eran muy permisivas desde todos los puntos de vista».

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