Referéndum en Italia: Los mercados tiemblan, mientras Renzi confía su suerte a los indecisos
Con esta reforma de la Carta Magna, el primer ministro asegura que Italia aumentará su gobernabilidad y estabilidad, pero sus opositores la ven como un intento de hacer saltar el delicado equilibrio entre las diversas instituciones con que se refundó el Estado italiano tras la experiencia del fascismo
Stefano ojea con cara de pocos amigos un tríptico que anima a votar 'sí' en el referéndum constitucional que el domingo se celebra en Italia. Benito Mussolini parece observar la escena desde la pared con su habitual pose entre chulesca y teatral. 'Il Duce' protagoniza los dos calendarios que hay colgados junto a la caja registradora en este locutorio de un barrio residencial de Roma. Por si había alguna duda de su adscripción política, Stefano tiene colocados por su negocio otros símbolos fascistas, que conviven en los estantes con escudos, banderas y pelotas con los colores de la Roma, uno de los dos equipos de fútbol de la ciudad. «Dicen que la consulta va a costar 300 millones de euros. ¿Y quién los paga? Los de siempre. Yo tengo claro que voy a votar en contra, Renzi sólo quiere meterse el dinero en el bolsillo y perpetuarse en el poder». Interrumpe su discurso cuando llega una clienta, una inmigrante rumana que quiere mandar 100 euros a su hija. A este italiano de unos 55 años no parece generarle problema alguno combinar la militancia fascista, ideología nacionalista y xenófoba, con regentar un negocio dedicado principalmente a los extranjeros.
En la otra punta del arco político las opiniones sobre el referéndum son las mismas. Con esta reforma de la Carta Magna, el primer ministro asegura que Italia aumentará su gobernabilidad y estabilidad, pero sus opositores la ven como un intento de hacer saltar el delicado equilibrio entre las diversas instituciones con que se refundó el Estado italiano tras la experiencia del fascismo para evitar que surgiera un nuevo caudillo. «Renzi quiere convertirse en una especie de nuevo Mussolini. Esta reforma combinada con la nueva ley electoral le va a permitir tener un poder excesivo aunque no consiga una gran mayoría en las próximas elecciones», opina Fabio, que tiene una empresa de mudanzas y no oculta sus simpatías izquierdistas.
Entre los convencidos de votar 'no' y los pocos que reconocen abiertamente que van a marcar el 'sí' en las papeletas el domingo hay un porcentaje significativo de italianos que no saben qué hacer en el referéndum. Las encuestas vaticinan de forma unánime un resultado negativo en la consulta, aunque señalan que hay hasta un 40% de indecisos. «Este país sufre una necrosis, está enfermo allá donde mires. Los trabajos son precarios, si es que los encuentras. Todo lo público, como la sanidad o los transportes, está en estado de abandono. ¿Y Renzi qué ha hecho para mejorarlo? La verdad es que no sé si la reforma constitucional puede ser una buena oportunidad o no para cambiar. La campaña ha sido tan sucia que no había forma de enterarse. ¿Usted, que es extranjero, qué me recomienda hacer?, pregunta Anna, una elegante señora de mediana edad.
Malas expectativas
Renzi ligó su continuidad en el Gobierno al resultado del plebiscito, luego trató de corregir el tiro al ver las malas expectativas y ahora se juega su suerte con votantes como Anna y el resto de indecisos. Para tratar de seducirlos esta semana anunció una ligera bajada de algunos impuestos y una subida de las pensiones mínimas en los próximos Presupuestos. «A mí Renzi no me gusta nada y esta puede ser una buena ocasión para quitárnoslo de encima, pero hay que pensar más allá de él», opina Teo, dueño de una pizzería. «No he decidido aún qué votaré el domingo, pero está claro que necesitamos una mayor gobernabilidad y estabilidad en este país».
Razón no le falta en este último punto: desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se han sucedido en Italia 63 gobiernos. La parte positiva de esta situación de eterna interinidad es que las crisis son protagonistas habituales del escenario y el país no deriva hacia el caos cuando cae un Ejecutivo. Parafraseando a Barack Obama tras la sorprendente victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, el propio Renzi reconoció hace unos días que, aunque pierda el referéndum, el lunes no llegará a Italia «la plaga de las langostas».
Los mercados tiemblan por las dudas
Cuando Sergio Marchionne habla los italianos escuchan. Realmente ni siquiera necesita abrir la boca, le basta con presentarse en cualquier lugar para acaparar las miradas. Y eso que la gente ya se ha acostumbrado a que el consejero delegado de FCA, el gigante que controla Fiat y Chrysler, entre otras marcas automovilísticas, nunca vista traje y corbata, y vaya siempre con algún jersey o polo oscuro. Por eso supuso un respaldo importante para Matteo Renzi cuando Marchionne dijo hace unos días que iba a votar 'sí' en el referéndum constitucional del domingo, pues «lo último que necesita Italia es exponerse a un riesgo y afrontar un 'shock'». El de Marchionne es uno de los más recientes apoyos que le llegaron al primer ministro de cara al plebiscito desde el sector industrial italiano, que de forma mayoritaria se ha sumado a la campaña por el 'sí'.
En los mercados financieros la consulta mete miedo. La prima de riesgo italiana ha subido en las últimas semanas conforme los sondeos vaticinaban de forma unánime la victoria del 'no', al tiempo que la Bolsa de Milán se convertía durante varios días en el farolillo rojo de los parqués europeos. Estas cifras hacen pensar a algunos analistas que ya se ha descontado el escenario más inquietante para una parte mayoritaria de los inversores: fracaso de Renzi en el plebiscito y fin de su Gobierno.
En esa situación se abren varias incógnitas sobre lo qué podría pasar, aunque lo más probable es que se formara un Ejecutivo técnico con dos únicos cometidos: reformar la ley electoral y convocar a continuación comicios anticipados.
El propio Banco de Italia reconocía en un informe publicado ayer que no está claro el escenario que vivirá el país en las próximas semanas y le echaba la culpa de la «volatilidad» de las acciones italianas a los interrogantes políticos que abre el referéndum. Esta inestabilidad lastra aún más a algunos bancos italianos al borde de la bancarrota por la acumulación de créditos morosos, entre ellos Monte dei Paschi di Siena.