Qué fue de las cajas que tenían que cotizar en bolsa
Ibercaja parece haber decidido retrasar su salida al mercado hasta que el entorno sea más propicio, mientras que la junta de Unicaja acaba de aprobar la operación, debido a que puede ser la que más prisa tenga en dar el salto al parqué. Kutxabank descartó la salida a bolsa y podría tener más tiempo para pagar el precio que ello conlleva.
Los directivos de Unicaja, la octava entidad española por volumen de activos, tienen el visto bueno de su junta de accionistas para emprender su salida a bolsa. Pero ello no implica que la entidad vaya a dar el salto al parqué de forma inmediata. Hay indicios que hacen pensar que el toque de campana podría tardar aún algo de tiempo.
Entre ellos se encuentra lo que ha ocurrido con Ibercaja. La entidad que se vislumbraba iba a ser la primera de las que quedaban por cotizar en saltar al parqué parece haber decidido dejar la operación para más adelante, para cuando las condiciones del mercado sean más favorables. Esas fueron prácticamente las últimas declaraciones de Amado Franco al frente de la presidencia de la entidad, que abandonaba el pasado mes de febrero: la salida a bolsa, aunque lógica, no es obligatoria.
Unicaja e Ibercaja tienen instrumentos a su alcance para retrasar su debut bursátil. Tras el rescate financiero, a estas entidades se les impuso desgajar su negocio bancario del de sus fundaciones, que son las sociedades que siguen dominando en su capital, con participaciones de alrededor de un 87 por ciento en ambos casos. El siguiente paso debería ser la desinversión por parte de las fundaciones hasta situar su control por debajo del 50 por ciento. La salida a bolsa debería ser el instrumento lógico para acometer esas desinversiones, aunque no el obligatorio.
Como apunta Joaquín Maudos, director adjunto de investigación del Ivie, lo que la ley en el fondo persigue (y es lo que quería la Troika en el MoU a cambio de la asistencia financiera que concedió) es que ninguna fundación bancaria tenga el control de un banco. «Por este motivo, las fundaciones están abocadas a desprenderse poco a poco de las acciones del banco, por lo que el camino natural es la bolsa», comenta Maudos. Pero, añade: «La presión por salir a bolsa no es inmediata».
La excepción de Kutxabank
Pero Kutxabank ha optado por la otra posibilidad que otorgaban las autoridades como alternativa a la desinversión por parte de las fundaciones: la constitución de un fondo de reserva capaz de absorber una crisis importante. Según la regulación, las entidades tenían que haber decidido a principios de 2016 si optaban por la desinversión o por la constitución del fondo. Y para 2020 deberían haber dotado el fondo o haber acometido la desinversión.
Según el borrador de un reciente Real Decreto, el plazo para dotar el fondo de reserva se ampliaría hasta 2022, o hasta 2024 en el caso de las circunstancias económicas así lo requiriesen. Pero ese plazo adicional no es aplicable para la desinversión de las fundaciones en los bancos, lo que implica que las fundaciones de Unicaja y de Ibercaja seguirían teniendo únicamente hasta 2020 para vender sus participaciones hasta colocarlas por debajo del 50 por ciento.
Quizás ello obedece a que sería una concesión que el PNV le habría arrancado al Partido Popular a cambio de su apoyo para los presupuestos, dado que sería algo de lo que únicamente podría beneficiarse Kutxabank, puesto que es la que ha optado por constituir el fondo a cambio de mantener a las fundaciones de las tres cajas que dieron lugar a la entidad en el control.
unicaja puede tener prisa
Hay un factor que sí puede hacer más perentoria la salida a bolsa de Unicaja, de acuerdo con José Luis Cortina, de Neovantas: la entidad andaluza debe devolver ya al FROB los 604 millones de euros que insufló en Banco CEISS vía cocos, creado por la fusión de Caja España y Caja Duero, para su integración en Unicaja. Para pagar esa deuda es para lo que la entidad ha diseñado la salida a bolsa aprobada en la junta, con una oferta pública de suscripción, es decir, una ampliación de capital, por valor de un mínimo de 625 millones. En principio, esa deuda hace más urgente a Unicaja salir a cotizar. Aunque la entidad apunta: «La operación tiene como objetivo final fortalecer el balance y entre otros puntos esto incluye la devolución de los cocos».
Un segundo factor por el que la salida a bolsa de Unicaja puede estar más cerca que la de las otras cajas relevantes que siguen sin cotizar está en que cuando Unicaja se hizo cargo de Caja España y Caja Duero, se comprometió a salir a bolsa en 2016. Como reflejó Unicaja en un hecho relevante enviado a la CNMV el 27 de enero, el Gobierno español solicitó una extensión del plazo previsto debido a las circunstancias adversas del mercado en 2016. Tanto las autoridades nacionales como comunitarias han concedido una prórroga a la entidad, pero se desconoce de qué periodo se trata: se mantiene su confidencialidad para no perjudicar el proceso. En el mercado se especula con que la fecha límite puede ser mediados del año que viene. Desde la entidad apuntan: «No hay urgencia alguna, ni tampoco se manejan tiempos concretos dentro de los próximos doce meses». Pero señalan que contar con la aprobación de la junta permite actuar con agilidad si aparece el momento oportuno para salir a bolsa.
Por qué se resisten
¿Por qué estarían estas entidades evitando o retrasando su salida a bolsa? En primer lugar, porque Liberbank ha demostrado que estar en bolsa no es fácil: el mercado la valora a apenas 0,40 veces su valor en libros, aunque ha habido peores momentos (tras el 'Brexit' cotizaba a 0,20 veces su valor en libros). Ello les perjudica porque fuentes del mercado señalan que los inversores a los que las antiguas cajas sondean para salir a bolsa toman como referencia los ratios de Liberbank para hablar de precios. Si el valor contable de Unicaja ronda los 3.100 millones ahora y los 3.700 millones cuando realice la ampliación de capital, a 0,4 valor en libros, no lograría los 1.800-2.000 millones con que querría debutar.
Como señala Cortina, a lo justo de las valoraciones se une el hecho de que las empresas que están saliendo a cotizar en bolsa lo están haciendo a los precios más bajos en que habían marcado la horquilla de referencia. En el caso del sector financiero, quizás, ello estaría más justificado en estas circunstancias, teniendo en cuenta que los tipos de interés siguen en mínimos históricos, y sin visos de subir, lo que provoca que los márgenes sigan muy presionados.
Pero, de acuerdo con Maudos, el apetito por las acciones bancarias es ahora mayor que hace sólo unos meses ante la expectativa futura de una subida de tipos en Europa y en EE.UU.: «Ver la luz al final del túnel en el escenario de tipos por los suelos es una buena noticia para la rentabilidad bancaria (vía recuperación de márgenes), y eso explica en mi opinión el comportamiento de las acciones bancarias en las últimas semanas. Eso se aplica también a la posible salida a bolsa de las antiguas cajas, y en algunos casos, los fundamentales de esas 'cajas' son buenos, lo que puede aumentar aún más el apetito inversor».
Pero según otras fuentes, en un momento de ciclo no muy boyante para el sector, las entidades, si no necesitan este instrumento para captar recursos, prefieren no utilizarlo, porque, de otro modo, verían condicionada su gestión.
¿Por qué podría venirles bien salir a bolsa?
Pero sí es cierto que cotizar en bolsa podría ayudar a estas entidades a lograr una financiación más barata por sus emisiones. Además, según explica el experto de Neovantas, también contribuiría a mejorar su imagen y a tener una relación más fluida con sus accionistas. Como señala Maudos, «cotizar en bolsa tiene la ventaja de poder apelar al mercado para hacer frente a posibles problemas de solvencia, fortaleciendo los recursos propios».
Lo mejor, por tanto, sería salir a bolsa, pero no por necesidad, y manejando el mejor momento para hacerlo.
En caso de salir a bolsa, ¿cuáles contarían con una mejor situación para hacerlo? Los grandes números apuntan que Kutxabank es la entidad de más calidad: cuenta con un ratio de capital más elevado y una tasa de morosidad más baja para una tasa de cobertura de dimensión más o menos parecida a la de la de Ibercaja y Unicaja. En cuanto a su capacidad de generar más dinero con el puro y duro negocio bancario, es decir, con el margen de intereses y las comisiones, la que gana es Kutxabank, con 900 millones de euros el año pasado, seguida de Unicaja, con cerca de 830 millones de euros, muy lejos de los alrededor de 560 millones de Ibercaja y de los 454 millones de Liberbank.
¿Y una fusión?
No hay que descartar que todo se resuelva con una fusión. Incluso, entre las propias Unicaja, Ibercaja y Liberbank, aunque los últimos rumores excluían a la ya cotizada.
También ha trascendido últimamente la posibilidad de que Unicaja tenga un plan 'B' de integración con una gran entidad española, como el Santander, si es que su plan de salida a bolsa se frustra.
En todo caso, como apunta Maudos, «en el contexto de la unión bancaria, y sobre todo con el problema de baja rentabilidad del sector bancario (en general), las fusiones son la respuesta natural a lograr sinergias y economías de escala necesarias para reducir costes. Por tanto, las entidades de tamaño mediano (son la mayor parte de los bancos de las antiguas cajas) son candidatas a protagonizar los posibles procesos de fusión, sobre todo en aquellos casos en los que la eficiencia se sitúa por debajo de la media del sector».