Muchas dudas y pocas certezas cuando se cumple el primer mes de guerra en Irán 

Los mercados resisten sin grandes desplomes pese al shock energético, atrapados entre el riesgo inflacionista y la esperanza de un rebote rápido si se despeja el escenario geopolítico

Se cumple un mes desde el estallido del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel y los mercados financieros siguen moviéndose en una incómoda zona gris: mucha volatilidad, pero sin pánico generalizado.  

El balance provisional refleja tensión, aunque lejos de un colapso. Desde el inicio de las hostilidades, el Ibex 35 y Wall Street acumulan un descenso cercano al 8 %, lo que contrasta con un precio del petróleo que se ha disparado más de un 50 %, impulsado por el temor a disrupciones prolongadas en el suministro energético mundial. 

La explicación de este comportamiento aparentemente contradictorio reside en la enorme incertidumbre que rodea al conflicto.  

Los inversores no tienen claro qué escenario deben descontar: uno de deterioro económico prolongado (con inflación más alta, bancos centrales más restrictivos y menor crecimiento) o, por el contrario, una crisis geopolítica que termine resolviéndose con relativa rapidez y dé paso a una recuperación rápida de los activos de riesgo. 

La clave se encuentra en el estrecho de Ormuz 

El estrecho de Ormuz es una pieza fundamental para resolver este acertijo, pues se ha convertido en la clave para dilucidar qué dirección tomarán la economía y los mercados, a partir de ahora.  

Por esa ruta marítima pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial y ha sufrido graves alteraciones por culpa de la guerra, lo que la convierte en una amenaza directa para la economía.  

El petróleo marca el ritmo de la incertidumbre 

Y es que el repunte de la energía es el principal canal de transmisión de las tensiones hacia la economía mundial, al alimentar el temor a un nuevo episodio inflacionista justo cuando las principales economías intentaban consolidar la desinflación tras la crisis energética de los últimos años. 

En este contexto, las autoridades monetarias han comenzado a prepararse para actuar, en caso de ser necesario.  

“Los comentarios de varios responsables de bancos centrales han adoptado un tono más restrictivo ante el temor de que el conflicto genere una inflación significativa, empezando por los precios de la energía”, apunta al respecto un comentario de Edmond de Rothschild AM. 

El mercado sigue al minuto las noticias de Irán 

En este escenario, el mercado sigue muy pendiente de la evolución del conflicto, que tampoco está nada clara.  

“Las negociaciones con Irán siguen siendo altamente complejas, ya que las exigencias de Teherán son en gran medida incompatibles con las de Estados Unidos e Israel”, señalan los analistas de la gestora francesa. 

Mientras tanto, el impacto de la restricción del tránsito martítimo en el estrecho de Ormuz se va extendiendo más allá del petróleo, según recuerda un análisis de Natixis CIB.  

En concreto, está generando cuellos de botella logísticos y escasez en determinados insumos industriales como el azufre elemental, los nitratos agrícolas y el helio de grado semiconductor, esenciales para industrias como la agricultura, la química o la fabricación de chips, según el documento. 

Mientras tanto, los indicadores adelantados de PMI ya reflejan un deterioro moderado de la actividad, especialmente en el sector servicios europeo, señal de que la incertidumbre geopolítica comienza a filtrarse hacia la economía real.  

Los inversores no se dejan arrastrar por el pesimismo 

Pese a todo, los inversores dan la espalda al pesimismo y citan un precedente reciente: el fuerte rebote bursátil que se produjo tras el llamado “día de la liberación”, cuando se disiparon las tensiones comerciales entre Estados Unidos y el resto del planeta tras semanas de incertidumbre por los aranceles. 

Ese tipo de episodios ha alimentado una dinámica que algunos operadores han bautizado irónicamente como fenómeno “TACO” (siglas en inglés de Trump Always Chickens Out, o “(Donald) Trump (presidente de Estados Unidos) siempre se echa atrás”).  

La idea de que las amenazas geopolíticas o comerciales pueden terminar suavizándose en el último momento dificulta aún más la visibilidad de los mercados. 

Asimismo, algunos analistas siguen viendo resiliencia en el ciclo global. Desde Edmond de Rothschild AM destacan que, a pesar de la volatilidad, “el estado subyacente de la economía global sigue siendo relativamente resistente”. 

Por otro lado, también se aferran a los contactos que mantienen Irán y Estados Unidos para llegar un alto el fuego, aunque "sean indirectos”. 

Ese equilibrio inestable explica el comportamiento actual de los mercados: caídas moderadas, pero sin capitulación.  

Así pues, un mes después del estallido de la guerra, la incertidumbre sigue siendo extraordinariamente elevada y, hasta que no haya señales claras de desescalada o de repunte, los inversores continuarán navegando entre dos escenarios radicalmente distintos: el shock económico o el rebote. 

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