El protector del inversor cambia las dinámicas de las reclamaciones

 No es la primera vez que el Defensor del Pueblo pone el punto de mira en los servicios de reclamaciones del Banco de España, de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) o de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones. Ya, en 2012, el Defensor del Pueblo calificó de «pérdida de tiempo para los que acuden a él», el servicio del Banco de España y ahora, en su informe anual de 2015, arremete contra el de la Dirección General de Seguros, al que acusa de «poca efectividad». Todo se debe a que, aunque los supervisores den la razón a los clientes en sus reclamaciones, la mayoría de las entidades no suelen atenderlas, no admiten su error, no rectifican. Por regla general ignoran las sugerencias del supervisor y al cliente no le queda más remedio que acudir a la vía judicial para que sus derechos se vean satisfechos.

Coincidiendo con estas críticas sobre la conveniencia de seguir destinando recursos públicos a estos servicios «inoperantes», según palabras del propio Defensor del Pueblo, acaba de publicarse el informe anual del protector del inversor de la Bolsa de Madrid correspondiente al ejercicio 2015. Y lo cierto es que en este caso se nota otro aire, una clara intención de honrar a la institución. 

Lo primero que se agradece es que el protector del inversor se marque como uno de sus principales retos el resolver las consultas con la mayor prontitud y tratar que las diferencias entre intermediarios e inversores sean resueltas mediante acuerdos, evitando así largos procesos judiciales. Fruto de este empeño es digno de destacar que el informe anual ve la luz prácticamente dos meses después del cierre del año, cuando otras entidades tardan en ocasiones hasta diez meses, transmitiendo una más que evidente sensación de dejadez. Y que gracias a la diligencia del protector del inversor de la Bolsa de Madrid, Carlos Fernández, buena parte de las reclamaciones presentadas en 2015 (centradas principalmente en discrepancias sobre el modo de llevar a cabo las operaciones bursátiles) terminaron en acuerdo. 

Señales muy positivas de una figura, la del Protector del Inversor, que solo aspira a «seguir siendo conciliador en las divergencias, árbitro en sus discrepancias, perito en sus apreciaciones y hombre justo en la solución de las quejas y reclamaciones».

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