¿Comprar en las caídas o vender en las subidas?

Hagamos algo de memoria. Desde 2009 hasta el mes de agosto pasado el S&P triplicó su valor en bolsa, incluso superando en cerca del 30 por ciento los niveles máximos anteriores históricos. Pero la evolución ha sido muy diferente desde el verano pasado, acumulando en este momento un descenso del 10 por ciento (-14 por ciento en algún momento). Sólo en la primera semana del año la caída del índice norteamericano fue del 6 por ciento, acentuando de esta forma el temor al inicio para algunos del «estallido de la burbuja». 

¿Burbuja? ¿Qué burbuja? Muchas veces he comentado que las burbujas sólo se reconocen cuando estallan. Mientras, en todo caso, podemos hablar de excesos. ¿Lo es en el caso de la bolsa norteamericana? ¿lo es quizás para el resto de las bolsas a nivel mundial? Lo cierto es que a la hora de valorar el riesgo de burbuja debemos considerar factores fundamentales, momentum y de apalancamiento. Factores fundamentales, relacionando el precio de la bolsa con su valor (y hasta realizando esta comparación también con otros activos de inversión alternativos). Poco les puedo añadir sobre lo que saben en términos técnicos: aún estamos lejos de hablar de un cambio de tendencia, más bien apuntalando el escenario para un comportamiento lateral a corto plazo. Aunque es cierto que antes de agosto pasado cualquier caída del mercado era una oportunidad de compra; ahora, ya no está del todo claro. Y en términos de riesgo en las carteras de los inversores, aclarar como hemos visto sólo ventas netas acumuladas de fondos de bolsa norteamericana en el último año y medio. 

Al final, la mayor inquietud se centra por tanto en la valoración fundamental. Y no es poca cosa cuando la inquietud crece entre los inversores sobre el escenario económico en un futuro dominado por la incertidumbre internacional y tipos de interés al alza. Por de pronto, admitir que buena parte de la revalorización a la que me refería al principio se apoyó en un aumento de múltiplos que finalmente no ha sido acompañada de una mejora de los resultados. O mejor dicho, la impresionante mejora en los resultados de las empresas norteamericanas en los seis primeros años de la crisis no compensó del todo la subida de los precios. La bolsa norteamericana, como de hecho le ocurre a la mayoría de las bolsas de países desarrollados, tiene una valoración relativa superior a su promedio histórico. Pero lejos, muy lejos, de niveles que en el pasado han llevado a una fuerte corrección. Y, naturalmente, su valoración es muy atractiva en términos de la renta fija. Claro que la deuda, especialmente la deuda pública, está soportada de forma directa e indirecta por los bancos centrales. Y muy demandada ante la elevada aversión al riesgo actual.

Todo lo anterior lleva a anticipar que el comportamiento de la bolsa norteamericana (de las bolsas en general) debería ser positivo en los próximos meses, aunque de forma mucho más moderada que las subidas observadas desde 2009. Pero, la clave para estimar esta subida aún pendiente dependerá en mi opinión de dos factores: la actuación de los bancos centrales y la evolución de los beneficios empresariales. Realmente hasta el momento la verdadera clave de la apreciación de las bolsas ha venido de la mano de la expansión monetaria de los bancos centrales. Y no espero que a nivel mundial se vaya a revertir a corto o medio plazo, incluso en un escenario de continuidad en las subidas de tipos oficiales de la Fed. Pero, en el futuro próximo serán los beneficios empresariales los que tomen un mayor protagonismo para la continuidad en la revalorización del mercado. Y soy optimista para su evolución, mucho más de lo que descuenta el mercado con crecimientos de beneficios para las empresas norteamericanas en 2017 del 7 por ciento (6 por ciento a nivel mundial). 

Con todo, es evidente que los inversores deben tener no sólo mayor certeza económica como también una mayor confianza en el funcionamiento del mercado. La volatilidad cotizada vuelve a alcanzar en estos momentos niveles demasiado elevados para la gestión adecuada del riesgo por parte de los inversores. Necesitamos que el pánico irracional de los inversores de paso al miedo racional, algo que en mi opinión sólo pueden lograr los bancos centrales. O el mero paso del tiempo, bajo un escenario de inestabilidad como el actual, aunque esto siempre es más costoso en términos económicos. Y con el riesgo añadido de profecías autocumplidas si el impacto negativo económico es elevado.

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