Zoido: "El impuesto a las compras de acciones multiplica por 66 el coste de transacción"
"Únicamente un impuesto a nivel global o, al menos europeo, podría salvar estas distorsiones tan negativas".
Antonio J. Zoido, presidente de BME, en el encuentro navideño con la prensa, ha dedicado una parte de su discurso a criticar el proyecto de ley elaborado por el Gobierno que establece un impuesto sobre las transacciones con acciones españolas con una capitalización bursátil superior a los 1.000 millones de euros. En su opinión, más que hablar de "impuesto sobre las transacciones financieras", al que califica de eufemismo, hay que hacerlo de un "impuesto a las compras de acciones españolas".
Zoido ha afirmado: "Esta propuesta es, en nuestra opinión, contraria a postulados que, en estos momentos, son considerados esenciales para cimentar un desarrollo económico europeo integrado basado en el impulso de diversificación de las fuentes de financiación empresarial, el abaratamiento de las mismas, el crecimiento del tamaño empresarial, el papel esencial de la libre asignación de capitales en los procesos de inversión y régimen de equidad, competencia, transparencia y protección del inversor, que son los principios básicos del funcionamiento de los mercados regulados".
Como continuó el presidente de BME, este impuesto, de implantarse, sería una clara actuación contradictoria con el respaldo político al proyecto y la idea de la "unión de los Mercados de Capitales".
Zoido enumeró una serie de consecuencias negativas del tributo: incentiva la opacidad de los mercados, al favorecer las transacciones fuera de los mercados regulados; aumenta los costes de transacción (en concreto, calcula que un impuesto del 0,2% supone multiplicar por 66 el coste de transacción que se aplica en el mercado español); destruye la calidad y la liquidez alcanzada tras años de esfuerzos; incentiva la deslocalización de intermediarios y operaciones; afecta a la financiación bursátil al producirse incrementos del coste de capital por descensos de liquidez; además de que considera que su recaudación es enormemente compleja.
"Únicamente un impuesto a nivel global o, al menos europeo, podría salvar estas distorsiones tan negativas", concluyó.