Visas para sentencia: un final abierto para las "black"

Veintiséis sesiones, 120 horas y más de cuatro meses después, el juicio de las tarjetas "black" de Caja Madrid ha[…]

Veintiséis sesiones, 120 horas y más de cuatro meses después, el juicio de las tarjetas "black" de Caja Madrid ha quedado visto para sentencia, un cierre en falso para un caso tan mediático como complejo que aspira a continuar abierto, esta vez sobre la mesa del Tribunal Supremo.

La minuciosidad de los informes finales ha demorado el final del juicio, inicialmente programado hasta el pasado 9 de diciembre y que ha requerido de nueve sesiones extra en las que no han faltado los reproches de las defensas, que han refutado la validez de la hoja de cálculo Excel con los gastos, principal prueba inculpatoria.

Un debate planteado desde el comienzo de la vista, el 26 de septiembre, cuando los letrados cuestionaron la "actitud incriminatoria" de la entidad, a la que señalaron por ofrecer "la verdad que le interesaba" a través de unos documentos que han sido descalificados hasta hoy.

Este enfrentamiento dialéctico no hizo sino encender el proceso de cara a los interrogatorios a los usuarios, todos ellos rostros conocidos de la España de las dos últimas décadas que cambiaron la escena política y social por el banquillo de los acusados.

Los primeros en someterse a las cuestiones fueron los expresidentes Miguel Blesa y Rodrigo Rato, que incidieron en la legalidad de un sistema puesto en marcha en 1988 por su antecesor, Jaime Terceiro; en concreto, Blesa aseguró que las tarjetas formaban parte de la retribución y que eran conocidas incluso por el Banco de España y Hacienda, que en más de veinte años "nunca pusieron tacha alguna".

Alegatos ampliados por su sucesor -en esta ocasión también en el uso de la palabra-, Rodrigo Rato, que sostuvo que los gastos efectuados con sus tarjetas estaban sujetos a su saldo, por lo que estas sólo eran un medio con el que "ganar liquidez", y que no modificó el sistema retributivo de la caja hasta finales de 2011, "cuando la entidad dejó de existir".

Especialmente crítico se mostró el exvicepresidente del Gobierno sobre quien fuera una de sus manos derechas en Bankia, el ex consejero delegado Francisco Verdú, sobre el que declaró que si bien nunca hizo uso de su visa, lo cierto es que jamás le puso reparos ni comentó que el sistema fuera inadecuado.

Al margen de ambos, la atención se ha centrado en el ex director general de la caja Ildefonso Sánchez Barcoj y, sobre todo, en la figura del secretario del consejo de administración entre 1996 y 2009, Enrique de la Torre, autor del concepto de "black, a efectos fiscales" y a quien señalaron buena parte de los usuarios por ser quien les indicó el uso discrecional de estas tarjetas.

En este clima de tensión no han faltado los choques, como el protagonizado entre De la Torre y Sánchez Barcoj, cuya defensa solicitó un careo con el secretario con el fin de aclarar varios aspectos de su declaración y que finalmente fue rechazado habida cuenta de las contradicciones "entre acusados, en las declaraciones de un mismo acusado, de acusados y testigos y de los testigos entre sí", como manifestó el fiscal del caso, Alejandro Luzón.

La expectación ha sido otra de las claves del proceso, con más de 200 periodistas acreditados y continuas alusiones a los medios de comunicación, señalados por algunas defensas, como la de la exconsejera María Enedina Álvarez, por ahondar en un "via crucis" irreparable orquestado por "cierto partido político para hacer creer que el axioma de la corrupción es generalizado".

Pero estos meses también se han saldado con anécdotas, como las siete horas de interrogatorio al auditor de Bankia Iñaki Azaola, reconocido por los corrillos como auténtico héroe del juicio, o los fugaces y casi tímidos encuentros en los pasillos de la Audiencia entre los acusados por las "black" y los implicados en la trama "Gürtel".

Aunque, sin lugar a dudas, ha sido la presidenta del tribunal, Ángela Murillo, quien, por momentos, ha conseguido desviar el foco del banquillo con sus comentarios y unos reproches que, lejos de despertar enfado, han restado dramatismo a algunas de las jornadas más tensas.

De manera casi simultánea al "visto para sentencia", en el pasillo una voz tararea la mítica "Visa para un sueño", compuesta por el dominicano Juan Luis Guerra, quiere la casualidad, aquel 1988 de autos.

Pero no se trata de Santo Domingo ni, mucho menos, de un sueño, sino más bien de un motivo de desvelo, como ha asegurado el exministro Virgilio Zapatero, el único en hacer uso de su turno de palabra, que ha contabilizado en 739 los "días de pesadilla" vividos desde que recibió su primera citación.

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