En nuestra vida cotidiana asumimos que el precio de los bienes que nos rodean se mueven por la ley de la oferta y la demanda. Pensemos, por ejemplo, en el precio de una vivienda cuando queremos adquirirla o en su precio, cuando tomamos la opción de alquilarla. Si esto es asumido por todos, ¿por qué no se quiere asumir que el precio de una divisa o el de un índice, por ejemplo, va a moverse por dicha ley de oferta y demanda?