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¿Es la deuda corporativa la mejor opción para la segunda parte del año?

Las dudas sobre el crecimiento restan interés a la renta variable; mientras que los bancos centrales desincentivan la compra de bonos soberanos. El crédito es la alternativa a la que se aferran muchas casas de inversión, ante la falta de oportunidades

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La labor de las gestoras de fondos como agentes encargados de identificar oportunidades de inversión se ha complicado en el segundo semestre de 2019. Diferentes circunstancias se han conjurado para alumbrar un escenario en el que es complicado encontrar activos atractivos.

Para empezar, el espectacular comportamiento de la renta variable en lo que va de año con rentabilidades en el entorno del 19 por ciento para la bolsa americana y del 18 por ciento para la europea ha provocado una elevación de las valoraciones que resta interés a este área del mercado. Máxime, cuando se espera un agravamiento de la ralentización económica (y, eventualmente, una recesión, en algún momento).

«Los máximos de la bolsa neoyorquina pueden inducir a un inversor poco experimentado a pensar que el momento económico es dulce. Pero sabemos que no es así, ya que siguen existiendo muchas incertidumbres, por mucho que en las últimas jornadas se hayan suavizado algunas como la guerra comercial, el conflicto entre Italia y Bruselas o el relevo de Draghi en el BCE. De hecho, el volumen no ha vuelto a la renta variable», explica Victoria Torre, responsable de productos y servicios de Self Bank. 

«Ver a un Nestlé que ha subido un 30% y está cotizando con un per de 28 es significativo de lo distorsionado y dopado que está el mercado», apunta por su parte Carlos Farrás, socio director de DPM Finanzas.

La cuestión es que, por el lado de la renta fija, la deuda soberana tampoco está ofreciendo respuestas a los inversores, con rentabilidades negativas hasta el 7 años, en el caso de los bonos españoles. La política ultralaxa del Banco Central Europeo en cuanto a tipos de interés es la responsable de esta deriva y no parece que vaya a vivir modificaciones en el corto plazo (más bien al contrario, si Mario Draghi aprecia síntomas de mayor deterioro económico). 

En este escenario, los bonos corporativos son la solución (no exenta de dudas) a la que se están aferrando algunas casas de inversión. Al tratarse de un activo de renta fija, ofrece algo más de seguridad que la bolsa (con matices) y, aunque su rentabilidad se ha reducido por la bajada de los tipos, sigue ofreciendo una prima con respecto a los gobiernos. 

De hecho, ha sido precisamente la expectativa de bajada de tipos uno de los factores que ha favorecido el buen desempeño del crédito en el primer semestre de este año, al implicar una subida de precio de los bonos en circulación. «El avance de los precios de los bonos ha estado propiciado por el cambio en el discurso de los bancos centrales hacia una política monetaria más laxa. El alza de los precios de los bonos también ha estado motivada por el incremento del flujo de dinero hacia esos activos a lo largo de todo el semestre. Muchos inversores han optado por invertir en renta fija tras las pérdidas cosechadas el pasado año en renta variable», explica Mar Barrero, directora de análisis de Arquia Profim Banca Privada.

Torre añade otro motivo: «En respuesta a los bajos tipos de interés, los inversores están dando más importancia que nunca a los activos que, de un modo u otro, pueden generarles ingresos periódicos. Y los bonos, con su reparto de cupones, son uno de ellos. Por eso, el arranque de año ha sido fantástico». 

Esta buena evolución ha tenido reflejo en la rentabilidad arrojada por las instituciones de inversión colectiva de esta categoría. Así, los fondos de renta fija 'high yield' en euros han logrado una revalorización del 7%, según datos de Morningstar; mientras que los fondos de renta fija corporativa euro han subido un 5,29%; y la renta fija global corporativa sin cobertura se ha revalorizado un 8,69% (con cobertura de riesgo divisa, un 6,8%). Por su parte, los fondos que invierten en emisiones con vencimiento a más corto plazo también han sacado provecho de la situación. A cierre de junio, acumulaban una revalorización del entorno del 2%.

De cara al segundo semestre, la política monetaria también es uno de los factores que justifican la apuesta de algunas gestoras por este segmento. En concreto, muchas voces auguran que el BCE podría apostar por las compras de bonos corporativos para estimular la economía, lo que beneficiaría a este mercado.

Sin embargo, el crédito no es un activo exento de dudas. Para empezar, porque se ha comportado muy bien en el primer semestre y, por eso, tiene menos recorrido. «Los tipos, sobre todo en las emisiones de mayor calidad, están en niveles muy reducidos y el diferencial que ofrece el 'high yield' tampoco es ya muy atractivo. Las valoraciones, tras el 'rally', vuelven a estar altas y, por tanto, hay que extremar la cautela, ser muy selectivo y centrarse en los emisores de mayor liquidez», avisa Barrero quien, pese a todo, considera que, mientras los bancos centrales mantengan el rumbo, seguirá el incremento de precios de los bonos.

Farrás resume así su postura respecto a este activo: «Deuda corporativa sí, pero no porque sea una gran oportunidad, sino para tratar de sacar
algo de rentabilidad», explica.

En este contexto, cabe preguntarse qué tipo de crédito es más interesante, si el de mayor calidad, denominado grado de inversión ('investment grade', en inglés); o el de menor calidad, denominado de alto rendimiento ('high yield'). Sobre este punto, los expertos coinciden en preferir los bonos de mayor calidad porque, aunque ofrezcan menor rentabilidad, conllevan menor riesgo en un entorno complicado. Asimismo, algunos gestores han mencionado oportunidades en deuda senior de bancos de la zona euro o en bonos de fabricantes de coches. Más allá de eso, no hay muchas coincidencias en lo que se refiere a preferencia por duraciones o sectores. Algunos expertos como Farrás apuestan por bonos 'investment grade' dentro de la zona del triple B, con duraciones cortas «porque el riesgo no está lo suficientemente bien pagado y, con esas características, la probabilidad de impago es menor». Otros como Barrero prefieren duraciones medias (3-5 años) y alta calidad. «Considero que, en estos momentos de una mayor incertidumbre macroeconómica, lo más adecuado es centrarse en las emisiones de mayor liquidez aunque sean las que menos rentabilidad (yield) ofrezcan», dice Barrero.

En lo que sí hay consenso es que existen oportunidades en deuda emergente, que actualmente tiene mayor recorrido que la de países desarrollados (aunque con mayor riesgo). Todas las voces consultadas abogan por dedicar una pequeña parte de la cartera a esta área. 

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