El BCE deja de comprar deuda, pero el dinero seguirá barato
El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido terminar las compras de deuda a finales de diciembre y ha comenzado a[…]
El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido terminar las compras de deuda a finales de diciembre y ha comenzado a preparar al mercado para la primera subida de los tipos de interés desde julio de 2011, que podría demorarse.
El fin de las compras de deuda se produce en un momento difícil porque se ha debilitado el crecimiento económico, pero el dinero seguirá siendo barato durante bastante tiempo.
El presidente del BCE, Mario Draghi, se mostró tras la última reunión del año del Consejo de Gobierno cauteloso ante este debilitamiento y los factores de riesgo que amenazan el crecimiento, e hizo un balance positivo sobre la efectividad del programa de expansión cuantitativa, como se conoce a la compra de grandes cantidades de deuda.
"Ha sido el único impulso de la recuperación económica de la zona del euro", en un momento en que no había otras fuentes de crecimiento, dijo Draghi.
A finales de diciembre el BCE habrá adquirido bonos por valor de unos 2,6 billones de euros.
Esta institución prevé que los tipos de interés seguirán en el nivel actual hasta, al menos, durante el verano de 2019.
En el segundo semestre ha mantenido ese mensaje dejando entrever que la subida del precio del dinero se produciría en septiembre u octubre del próximo año pero no ha querido ser preciso y prefiere dejar un margen de maniobra.
Algunos analistas prevén que la subida de las tasas de interés podría demorarse, incluso, hasta 2020.
Pese a que el BCE va a dejar de comprar deuda, seguirá en el mercado porque va a reinvertir los bonos que van venciendo, lo que seguirá presionando a la baja los tipos de interés.
Invertirá los bonos que venzan "durante un período prolongado una vez que comience a subir los tipos de interés".
Los tipos de interés de referencia a los que presta a los bancos semanalmente siguen en el 0 % y la tasa de depósito se mantiene en el -0,4 %, por lo que el BCE les cobra por el exceso de reservas.
A comienzos de año la inflación de la zona del euro apenas subía, pese al fuerte crecimiento económico, porque los salarios aumentaban poco ya que la globalización y la digitalización hace que las rentas del trabajo reaccionen más despacio a la caída del desempleo que antes.
La economía crecía a un ritmo robusto, aunque en el cuarto trimestre ese crecimiento se ha debilitado y, de hecho, el BCE ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento.
Desde el primer trimestre, el proteccionismo de EEUU se perfilaba como un riesgo para el crecimiento económico de la zona del euro y para las relaciones internacionales, algo que se ha confirmado recientemente.
Junto al proteccionismo surgían otros factores de incertidumbre para la economía, como los geopolíticos, los problemas de las economías emergentes y la volatilidad en los mercados financieros.
Fue especialmente crítica la crisis en Turquía y Argentina, la depreciación de sus divisas y de sus mercados de valores.
Además, Italia, gobernada por partidos euroescépticos populistas, ha mantenido un pulso con la Comisión Europea (CE) sobre su Presupuesto para 2019, que incumple las normas porque supera el déficit máximo recomendado y podría acarrearle sanciones.
Aumentó por ello la preocupación por la sostenibilidad de la deuda italiana y los diferenciales, aunque en esta ocasión el contagio a otros países de la periferia ha sido hasta ahora limitado, a diferencia de lo ocurrido con la crisis de la deuda de Grecia.
La crisis financiera de 2007 y, especialmente, la del euro desde 2010, los rescates y las reformas económicas en algunos países, han creado un descontento en la población con los partidos políticos establecidos y una fragmentación del voto que hace más difícil formar mayorías parlamentarias para gobernar de forma estable.
Ha aumentado el populismo, cuya ideología no es tan definida como en los partidos radicales de derechas o izquierdas, sino que refleja una pérdida de confianza de muchos ciudadanos en que Europa y el euro vayan a traer prosperidad económica y en que los partidos tradicionales y las instituciones europeas sean capaces de solucionar sus problemas actuales por la globalización, la austeridad y el aumento de la desigualdad.
Al mismo tiempo, debido al rechazo a la inmigración, la extrema derecha avanzaba este año por Europa, en España, Alemania, Austria, Hungría, Polonia, Bélgica, Italia y Suecia.