Woody no rueda

Desde 1981, Woody Allen, un joven de 83 años, venía despachando una película por año. Tal fertilidad nos hacía felices a sus admiradores. A veces caían obras maestras, como «Delitos y faltas» o «Match point»; otras veces, faenas de aliño, como «Scoop»; o auténticos truños, como «Vicky Cristina Barcelona». Pero incluso en sus patinazos aparecía alguna pepita de oro en medio de la quincalla. Woody no ha estrenado este año. No hay productor en el mundo que se atreva a financiarlo. Su hijastra lo ha acusado de abusos, algo desestimado hace ya veinte años, cuando su ex mujer Mia Farrow denunció el caso ante los servicios de seguridad infantil de Nueva York. Esta vez no ha se ha registrado una denuncia formal. A rebufo del MeToo han bastado unas palabras para liquidar su honra y carrera.

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