Votos demasiado caros

Contra todo pronóstico, Rajoy ha ganado el pulso al secesionismo catalán, que se bate en retirada, más dividido y desprestigiado que nunca. Sin disparar un tiro, a base de paciencia, firmeza y sangre fría para dar el golpe adecuado en el momento oportuno. Sólo los cegados por la pasión o el resentimiento podrán negárselo.

Pero su paso siguiente pone en peligro su éxito, confirmando el peligro de las victorias. Me refiero a la renovación del cupo vasco en condiciones tan favorables para aquella autonomía que la reacción de su gobierno ha sido bajar los impuestos a sus ciudadanos. Sin duda, Rajoy necesita los cinco votos del PNV para pasar los presupuestos de 2018. Pero no menos cierto es que el precio pagado es exorbitante: el gobierno vasco, como saben, ingresa los impuestos en su territorio a cambio de devolver al Estado los gastos que tiene en el mismo, el llamado cupo, que venía siendo positivo para Euskadi y, al actualizarse, va a serlo más. Es decir, el País Vasco recibirá aún más dinero del que aporta a las arcas comunes. Son cuentas del Gran Capitán o el voto peneuvista se ha puesto por las nubes. Sólo Ciudadanos y Compromís se opusieron, el resto de los partidos aceptaron que una de las comunidades más ricas, en vez de ayudar a las demás, reciba dinero de ellas.

Montoro hizo virguerías para demostrar que no es así, sin lograrlo, claro. Sencillamente, la política se ha impuesto a la hacienda. Rajoy quiere terminar la legislatura con la economía a buena marcha y sacrifica todo a ello. Pienso que se equivoca por atentar contra uno de los pilares de la democracia: el de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y ante hacienda, sin la que no habrá regeneración de nuestro sistema.

Aparte de haber vendido la primogenitura por un plato de lentejas: los nacionalistas vascos le apoyarán sólo en ese punto, pero seguirán buscando la independencia. Rajoy podía haber resistido a pie firme el desafío de ese nacionalismo como resistió el del catalán, prorrogando el actual presupuesto. Y si junto al resto de partidos le hacían la vida imposible, convocar elecciones generales, que no interesan al PNV. Así, en cambio, debe renunciar a la bomba H que representa llamar de nuevo a las urnas a todos los españoles tras los gravísimos acontecimientos ocurridos los últimos meses. Siendo muy distinto competir tras haber derrotado al nacionalismo catalán o tras haber claudicado ante el nacionalismo vasco.

La situación me recuerda a la de 1966, cuando Aznar, por el puñado de votos que le faltaban para ser investido, se puso en manos de Pujol, que inició la marcha que ha llevado a su sucesor actual al exilio belga. Pues no nos engañemos: al nacionalismo no le apaciguan las concesiones, al revés, le engordan. Cediendo a Ciudadanos el centro de la política española, lo que no favorece al PP, y al chantaje del nacionalismo vasco, lo que no favorece a España, Rajoy, creo, se equivoca. Aunque preferiría equivocarme yo.

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