Volkswagen huye de la crisis del «dieselgate» en coche eléctrico

El director ejecutivo de Volkswagen, Matthias Müller, salió ayer a presentar la «Estrategia 2015» convencido de que la empresa puede subsanar sus «graves debilidades», que calificó como «especialmente patentes desde el pasado otoño». Y la clave para volver a poner en forma la marca, según contempla esta estrategia para los próximos diez años, es el lanzamiento del coche eléctrico, que permitirá a Volkswagen dejarse impulsar por las generosas ayudas con las que el gobierno alemán está dispuesto a empujar la «electro-movilidad».

La directiva ha bautizado su plan de acción «Juntos: Estrategia 2025» y, como quien presenta un libro de autoayuda, el discurso de Müller insistió en la necesidad de mantener unida a la plantilla y aprovechar la crisis como un «catalizador». «La situación supone una oportunidad para modificar las cosas de manera mucho más rápida», expuso, insinuando que la restructuración en que está ya inmersa la marca puede verse indirectamente beneficiada por el escándalo de manipulación de los motores de unos 11 millones de autos diésel en todo el mundo. «VW estará más centrada, será más eficiente, innovadora, cercana a los clientes, sostenible y conseguirá consecuentemente un lucrativo crecimiento», declaró, anunciando que la empresa afronta «el proceso de transformación más grande de su historia».

Las subvenciones a la movilidad eléctrica, sin embargo no serán suficientes. Müller se propone reorganizar la compañía para liberar hasta 25.000 millones de euros que necesita invertir en movilidad eléctrica. Y son muchos millones. Su estrategia contempla incluso una fábrica propia de baterías Volkswagen. «El coche eléctrico será nuestra nueva imagen de marca», dijo, ocultando a duras penas que la huida del lugar del crimen, si es en coche eléctrico, tiene los kilómetros contados.

Volkswagen intenta evitar referencias a los bonus que los directivos, aunque recortados, seguirán cobrando. Y también las referencias a las primas repartidas a la plantilla en una búsqueda a la desesperada de cierre de filas, pero algunas de las pistas que Müller dio sobre de dónde piensa sacar el dinero para invertir causaron inquietud a los afectados. Planea, por ejemplo, romper con viejas estructuras como fusionar en una sola empresa las plantas proveedoras, con lo que la división de suministros sería más controlable y eficiente. Müller no mencionó plazos temporales en los que piensa ir cumpliendo estos objetivos, pero de sus palabras se dedujo que está ya decidido que esa nueva división de suministros reordenada seguirá teniendo su sede en Wolfsburg. Por ahora esa sección emplea a 67.000 trabajadores repartidos en 26 localidades diferentes.

La empresa se plantea, además, reconvertirse a suministrador de la competencia, de forma que sus plantas vendan suministros a otros fabricantes y obtengan algún margen de negocio adicional con la venta de engranajes, piezas de plástico e incluso motores completos. Aun así no salen las cuentas y los sindicatos se temen que el plan incluya, con el tiempo, una rebaja de los salarios de los trabajadores de esa división, un punto que Müller evitó mencionar ayer. También pretende ahorrar 8.000 millones de euros al año en trabajo administrativo y de ventas, así como reducciones en la inversión en desarrollo.

El camino emprendido por Volkswagen es considerado correcto por todos los analistas, que igualmente coinciden en que será un camino largo y doloroso. Tras la presentación, sus acciones perdieron un 1,4% en Fráncfort.

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