Una adoptada ve a su familia 23 años después del genocidio de Ruanda

Su familia biológica temía no verla nunca más. Hace casi 23 años Beata Nyirambabazi fue encontrada entre un montón de cadáveres en una iglesia de Ruanda. Era una niña con poco más de un año y la dieron por muerta en la masacre de la limpieza étnica que la mayoría Hutu ?el 85 % de la población de Ruanda? realizó contra los tutsi. Beata se salvó de milagro, meses después fue adoptada en Italia y pensó siempre que era huérfana.

Pero ahora ha encontrado a su padre en Ruanda, donde su historia se ha convertido en un caso nacional. La madre, una tutsi, la había llevado a ella, a su hermana gemela y a un hermano a refugiarse en la iglesia católica de Nyamata, donde esperaba estar a salvo de los asesinatos. Pero los atacantes hutus arrojaron granadas y mataron a los refugiados en el templo y en las zonas adyacentes, hasta un total de 10.000 personas. Ese lugar es hoy símbolo del genocidio de Ruanda, donde fueron asesinados entre 800.000 y un millón de tutsis y algunos hutus moderados, en cinco trágicos meses de 1994.

Adoptada en Italia

Después de la masacre en la iglesia de Nyamata, voluntarios encontraron a Beata Nyirambabazi aún con vida entre los montones de cadáveres. Allí murieron su madre y dos hermanas. Su padre, Leonard Sebarinda, se había escondido en otro lugar con los otros tres hijos del matrimonio. A Beata la llevaron a un asilo que acogía a cientos de niños que habían perdido a sus familias. Pocos meses después llegó a Italia, gracias a un programa de adopciones internacionales para niños víctimas de la guerrea. Fue adoptada por la familia Chiapello en Dronero, un pueblo de 7.000 habitantes de la región de Piamonte, al norte del país. A Beata se le da un nuevo nombre, Jeanette, y aquí va a escuela y se diploma en la Escuela de gráfica y diseño. Italianos son sus padres de adopción, sus amigos y su lengua.

Han sido necesarios seis años para convencerme a hacer el test de ADN y descubrir que en Ruanda tenía a mi padre biológico
Jeanette (antes Beata Nyirambabazi),

Su padre biológico no dejó nunca de buscarla. El cambio de nombre hizo más complicada la tarea. En el 2011 su hermano Vincent, que junto a su padre Leonard tampoco había perdido la esperanza de encontrarla, se acercó al asilo donde ella había vivido en Ruanda y logró obtener algunas fotos de su hermana. Consiguió luego reconocerla en una fotografía en internet y le mandó un correo. Al principio Jeanette no se creía la historia.

«Nos habían dicho siempre que mi familia había sido exterminada y pensé que se habían equivocado de persona. Han sido necesarios seis años para convencerme a hacer el test de ADN y descubrir que en Ruanda tenía a mi padre biológico», explicó Jeanette, que ahora tiene dos hijos.

«Emoción increíble»

El mes pasado, junto a su compañero Massimo, viajó a Ruanda para encontrar a su padre y los parientes que le restan tras el genocidio. «Fue una emoción increíble. Tengo mucho que agradecer a mis padres adoptivos y a mi compañero que han estado siempre a mi lado. Ha sido una terrible, maravillosa aventura. Ahora me siento completa», ha manifestado Jeanette, que tiene un sueño: Traer a Piemonte a su padre biológico, quien desea agradecer al matrimonio italiano el haber dado un futuro a su Beata.

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