Un partido musulmán de corte radical pone a prueba la tolerancia belga

La pretensión de un partido político de presentarse a las próximas elecciones municipales en Bélgica no sería noticia si no fuese porque se trata de una formación llamada Islam y en cuyo programa figura la implantación de la ley islámica en este país europeo. El debate está provocando una batalla dialéctica entre los partidos políticos, en una sociedad que intenta pasar página después de los atentados de marzo de 2016, y se enreda en sus propias contradicciones sobre la tolerancia en una democracia.

El partido Islam ya existe, aunque solo tiene dos concejales, en dos barrios de Bruselas señalados por la conflictividad con la comunidad musulmana: Molenbeek y Anderlecht. Al empezar a ejercer en 2012, uno de ellos, Redouane Ahrouch, dijo que su propósito era «explicar la ley de Dios y si la gente lo quiere, implementar la Sharia después de un referéndum en 10, 15 o 20 años. Por supuesto, ahora es demasiado pronto. La sociedad no está lista, deberíamos cortar demasiadas manos».

Entonces, esas palabras causaron escándalo, pero desde entonces, han permanecido prácticamente inactivos. Ahora se han limitado a proponer la segregación entre hombres y mujeres en los transportes públicos y se niegan a aceptar la regla de que haya paridad entre hombres y mujeres en los primeros lugares de las listas electorales.

Para numerosos dirigentes políticos de todo el espectro, se trata de una opción inaceptable, salvo algunos líderes del Partido Socialista valón, como Jamal Ikazban (él mismo de origen marroquí) que consideran que el proyecto Islam es «irrelevante» y que «no es más que un micropartido que se aprovecha falsamente del nombre de una religión».

Pascal Delwit, politólogo en la Universidad Libre de Bruselas (ULB) explica que en este país «está prohibido calumniar o difamar, pero no lo está hacer propuestas que no estén en línea con la Declaración Universal de los Derechos Humanos u otras convenciones. Se considera que entra dentro de la libertad de expresión, incluso si las declaraciones realizadas pueden considerarse inaceptables para muchos».

Es más, según el secretario de Estado de Interior, responsable de inmigración y uno de los políticos más influyentes, el independentista flamenco, Theo Fancken, «en Bélgica no hay una ley que permita prohibir a un partido político por sus ideas, como sí sucede en Alemania con las formaciones fascistas».

Precisamente por ello, la exministra del Interior y dirigente del Partido Democrático Humanista (la antigua Democracia Cristiana francófona) Joelle Milquet, ha denuciado ahora que «en 2012 ya nos encontramos en la misma situación, después del desbordamiento en Molenbeek de ?Sharia4Belgium?. Entonces propuse un proyecto de ley para prohibir este tipo de asociación, pero no me respaldaron ni el MR (liberales), ni los socialistas ni otras formaciones importantes, aunque todos se habían declarado a favor de estas prohibiciones durante debates televisados».

Islamófobos

Para colmo de contradicciones, el único caso contemporáneo de partido prohibido en Bélgica fue en 2004 el «Vlaams Blok» ultranacionalista flamenco, acusado de hechos racistas por sus comportamientos islamófobos.

Y mientras los partidos políticos se acusan de utilizar el debate, los promotores de Islam siguen reclutando candidatos para presentarse a las elecciones municipales del otoño que viene, en las que tal vez pueden dar la sorpresa. Aún no hay encuestas que los consideren como una opción viable, pero es seguro que en ciertos vecindarios pueden llegar a obtener resultados sorprendentes, en caso de que en el Parlamento Federal no se hagan antes cambios en la ley para impedirles que se presenten.

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