Trump ahonda la división en Estados Unidos contra el terrorismo

«América Dividida. ¿Somos todavía una nación unida, indivisible..?». La prestigiosa Associated Press, santo y seña del periodismo de agencia estadounidense, se lo plantea en una serie informativa sobre el año electoral. Un examen a la nación considerada durante mucho tiempo modelo de cohesión en la diversidad. El brutal ataque de Orlando (Miami), donde 49 personas de la comunidad homosexual fueron acribilladas a tiros por un fanático, aparentemente tan antigay como proyihadista, que irrumpió en un club apretando el gatillo fácil de un rifle Sig Sauer MCX, vuelve a hacer saltar las costuras de una sociedad polarizada. El país que ante la tragedia se unía incondicionalmente en torno a su Gobierno, sangra por la brecha del cisma y el alejamiento de la clase política.

Según simpatice con los conservadores o los demócratas, el norteamericano medio culpa al yihadismo o a la facilidad del acceso a las armas de fuego. Y en el año de la incertidumbre, irrumpe el presunto nominado republicano para tirar del populismo de manual y arrojar caos: primero, proponiendo el cierre de las fronteras a los musulmanes; después, acusando de cómplice de los terroristas al presidente Obama, y, por último, días después de su matrimonio con la Asociación Nacional del Rifle, encuestas en mano, se abre a las medidas para limitar las armas de fuego. Demasiado para tan poco tiempo.

La sociedad norteamericana, tan conmocionada como confusa, asiste estos días a algunas paradojas. A la misma hora que el senador Steven Pearlstein lanzaba una emotiva proclama en favor de medidas para limitar el acceso de los sospechosos de terrorismo a las armas de fuego, en un intento de torcer las voluntades de algunos republicanos, el director del FBI reconocía que su departamento había descartado en 2014 que el asesino, Oman Mateen, supusiera un peligro, tras una investigación por posibles vínculos con Al Qaida. Sintomático de la profunda división del país resulta que haya habido pocas voces que demanden reforzar a un tiempo las dos vías de actuación: la investigación preventiva a cargo de la inteligencia y las fuerzas policiales, y medidas que no pongan tan fácil a los terroristas el acceso a armas como la del pistolero, un fusil de uso militar. Los norteamericanos coinciden en ser mayoritariamente críticos con la Administración Obama en materia antiterrorista y muy mayoritariamente favorables a restringir las armas

Escepticismo

El año electoral ayuda menos al acercamiento. El presidente Obama, empeñado en no atribuir autoría a los atentados de inspiración yihadista, con el argumento de no favorecer la propaganda de Daesh, rechazó llamar «radical islamista» al asesino de Orlando. Un calco de lo ocurrido en San Bernardino (California), donde en diciembre un matrimonio radicalizado en la yihad asesinó a 14 norteamericanos. El frente demócrata lo apuntaló la presunta candidata Hillary Clinton, tradicionalmente más combativa contra el terror, pero que ni se despega del mensaje de Obama ni quiere dar concesiones a Trump. A su juicio, el millonario «fabrica más terroristas» con sus propuestas. Cuando el showman se descolgó por último con un apoyo a la iniciativa de restricción de las armas, sólo recibió escepticismo por respuesta. Entre los senadores demócratas cunde la convicción de que la mayoría republicana, si ya era poco susceptible de cambiar, ahora en ningún caso va a querer coincidir con Trump. Por ello, dan por hecha la derrota en la votación del lunes.

El problema subyace en el seno de una sociedad dividida desde el momento mismo de la interpretación de los hechos. Una encuesta de Gallup, realizada tras el ataque, transmite el reflejo de una sociedad miope: un 79% de los republicanos ha visto el ataque como un atentado del terrorismo islámico, frente a sólo un 29% de los demócratas; al preguntar sobre si es un caso de violencia doméstica con armas de fuego, se cambian las tornas, y un 60% de los demócratas comparten esta opción, frente a sólo un 19% de los republicanos. Entre los votantes independientes, equilibrio entre ambas.

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