Seis estudiantes españoles viajan a Roma para reunirse con el Papa

«Me pregunto por qué me ha tocado vivir esta experiencia, por qué mi hijo ha sido uno de los que viaja a ver al Papa. Llevo días cuestionándomelo», cuenta Asunción González Carrillo, la madre de Pepe Villalta, uno de los seis estudiantes españoles que se reúnen en unas horas con el Papa para presentarles sus propuestas acerca de qué es necesario cambiar del sistema educativo español y, afuera de las aulas, qué es necesario hacer por la juventud.

El viaje es iniciativa de Scholas Ocurrentes, la organización sin ánimo de lucro impulsada por el Santo Padre que pretende «rehacer de forma armónica el pacto educativo».

En el aeropuerto de Barajas se ha generado una pequeña «revolución». Seis jóvenes de 15 años, provenientes de escuelas públicas y privadas, laicas y católicas sonríen, se hacen «selfies» con sus padres, se ponen con orgullo la camiseta con el logo de Scholas e intentan sobrellevar los inevitables nervios por lo que será un día que, probablemente, los marcará y no olvidarán en la vida.

Luigi Ulisse estudia en el colegio Inmaculada Marillac. «Estoy nervioso, pero intento controlarme porque queda un día muy largo y luego irá a más». Nacido en Italia, lleva toda su vida en España y hoy dice con orgullo que hará de traductor del grupo. «Cuando se hizo el sorteo para el viaje estaba en clase de inglés. Me avisaron y hasta la clase me empezó a gustar», bromea. Paula Rubio Iglesias, del colegio San Ignacio de Loyola cuenta que pegó un grito cuando se enteró que viajaba a ver al Papa. «Estaba mala ese día recuerdo, pero cuando me enteré pegué un grito, dije: "Ahhhhhh", no lo podía creer», confiesa con una sonrisa y una arrolladora simpatía. Su madre, Amalia, asiente al escuchar a su hija recordando aquel día.

Hoy, estos jóvenes se hacen «grandes». Viajan en representación de 300 estudiantes de la Comunidad de Madrid que durante el mes de enero ha conseguido reunir Scholas en un aula, en un objetivo: escuchar a los jóvenes para que sean ellos quienes determinen qué debe cambiarse en su ámbito educativo, social, cultural... La propuesta del Papa de llevar a Scholas a España ha sido un éxito. Los jóvenes se pusieron de acuerdo y casi de forma unánime consiguieron llegar a dos problemáticas que consideran necesario abordar: las deficiencias del sistema educativo (falta de independencia de los gobiernos, exceso de deberes, etc) y la presión social (bullying, falta de autoestima, etc).

Marina Padilla Rodríguez no deja de sonreír. No puede (ni quiere) ocultar su sonrisa. «Explota» de alegría. «Estoy muy feliz». Sobran las palabras. Su cara es un fiel reflejo de la ilusión de estos jóvenes, pero también la de sus padres, que viven con ellos esta alegría. «Enrique lleva la misma maleta que usa para todos sus viajes, la usó con cuatro años para ir a una granja, ahora para ver al Papa», cuenta su madre, María José.

Jorge acompaña a su hija, Laura Manrique y no puede ocultar su orgullo. «Es brillante, matrícula de honor», dice mientras su hija, tímida, lo interrumpe. Laura lleva un detallado listado de las propuestas que le llevará al Papa. Con letra prolija y sin desviarse un centímetro aunque haya escrito sin renglones, se lee: «fomentar las actividades artísticas y deportivas, promover el empleo joven por medio de las empresas, educar en valores, que se le de más importancia a la persona».

En el avión los nervios se disipan y gana el cansancio. Pepe Villalta no quiere dormir. «Ya sé lo que le voy a decir a Francisco, lo tengo grabado en la mente, le daré las gracias por Scholas, por poder generar un cambio en la educación y la sociedad», dice mientras su madre le besa la mejilla.










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